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partir, poema de Carlos Eduarde Satizábal

RIO


Llora el agua, llora el agua...
Canto de boga

Tu
dul
zura
azul
ocre
verde
malva
se anuda
en las venas
de la tierra
y brilla la piedra
y el animal respira
y el árbol germina.

Desciendes del rastro de estrellas
que canta en mito y pensamientos
la memoria de los pueblos.

Eres anaconda celeste para los amazónicos.
Y metáfora del tiempo para el griego.
Un signo de la tierra prometida muestras al bíblico semita.
No hay sabiduría sin tu cauce, observan los antiguos chinos.
Ni camino hacia los dioses, dicen los wergayas uwa.

Agua de la raíz
agua del aire
agua del canto
agua de la peña
agua del cielo
agua de la tierra
agua del fuego
agua de los montes
agua de los desiertos
agua de las hojas
agua del páramo
agua de las selvas
agua del agua,

estás
        hecho
                 río
                    de
                       to
                         das
                              las
a
  g
    u
      a
        s

         y en los saltos y caídas
          se hacen polvo tus caminos
           y la luz se hace arco de luz.
            Allí el anciano kumú lee las señales sagradas del destino:

Escritura de agua de la diosa de vixó
escritura de barro de la diosa de juyungo
escritura de piedra de la diosa del ambil
escritura de viento de la blanca diosa del ayúu.

En ti están la sed y la frescura del mundo,
la mansedumbre del aire y el fragor de las crecientes,
las orillas que se alejan incesantes y el mar que aguarda.

En las noches de Guambía el caminante conversa con tu rumor y pide permiso.

Y en tus selvas de agua, Adanes arrojados al barro guían
desde las talas y aserríos hasta nuestras sillas de la tarde,
largas balsas de milenarios árboles que amargan
con sus savias moribundas
tu lento lecho
de peces.

En las horas del odio por tu lomo sagrado
descienden las sangres y los cuerpos de nuestras víctimas.
Impasible arrastras esas cargas de olvido mientras el viento, la luz y la hormiga
anuncian que en tus altas cabeceras crece el desmande arrasador,
el tiempo descuajado de la tormenta.

Luz de agua
ojos de agua
viento de agua
brazos de agua
piedras de agua
huesos de agua
tierra de agua
voces de agua
montaña de agua
cuerpos de agua.

Y un diluvio de ahogados
sobre calles y tejados,
bajo las ramas del cielo.

Y una antigua y hermosa luz
en el aire vacío
de promesas.

Poemas de © Carlos Eduardo Satizábal, seleccionados con autorización del autor de su libro La llama inclinada para la revista mis Repoelas:





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