Llegar inerme desde ninguna parte, huir venenoso a cualquier
lugar.
El gran juego hace prisioneros en mitad de Estocolmo
lazando vencejos automáticos con resmas de celofán.
Miss Sombra y su carmín reseco
conoce de qué lado de los charcos saltaremos, allí
donde más calan los labios.
Desnudarla es querer masturbar un relámpago, desisto
en contemplar esa opción.
Hoy me toca elegir
entre un dios o un alfil de papel
sobre un tablero donde todas las piezas quieren matar a
la reina,
como si al final de la partida
blancas y negras no acabasen en la misma caja.