A
los profesores que tejen las calles
de noche y de día, de frío y calor;
sembrando esperanza, pintando el paisaje
en el horizonte de una gran nación.
A los profesores que llenan el hueco
con una palabra, con una canción;
que toman la pluma y dejan su sello
tallando una obra en el corazón.
A los profesores que nunca descansan,
que están ofreciendo en algún rincón
su sabiduría, su conocimiento
con toda su fuerza, con toda pasión.
Y también a todas las grandes maestras
que enseñan la vida con su profesión,
con esa entereza que solo profesan
las madres sagradas que enseñan amor.