Un
saludo de palabras,
entremezcladas de sombras,
detrás del lucero abierto,
más allá del calor.
Si no llego todavía,
espérame desnuda,
deshojando en el viento
la piel de tus deseos.
Mis palabras son fantasmas,
no dicen nada sin tus brazos,
solo ven la claridad
de tus pupilas.
Cuando cierras las puertas,
yo me quedo con la vocal
abierta en la boca
buscando una letra más.
El sonido se desliza
y se moja con aceite,
a un centímetro del fuego,
de la voz o del silencio.
Y solo extiendo la mano,
con millones de partículas,
de una lengua sedienta
y..., de un simple corazón.