| Yo...,
he visto cosas que no creeríais…,
perennes flamas de oscuridad, extendiéndose
desde las negras puertas de Adbyzzcya
hasta los brillantes umbrales
de Zhumvhéll.
He visto mundos devorados por las terribles
fauces de los insondables abismos
de O’Dryn, a ancestrales zarjhúnos cayendo,
cual cometas, abrasados en los fútiles
abrazos de la iniquidez
y del olvido.
Yo…,
he probado el sabor de la desesperanza,
el fruto insano de los ensalzados.
Yo…, he visto cosas que no creeríais,
el castigo cruel de los conjurados, el largo tormento
de los Sempiternos encadenados a los desolados
confines del cosmos.
Yo…,
he oído el lacerante clamor de los inmoniados,
el callado llanto de los guerreros del tiempo,
el apagado suspiro de los llamados a
combatir en la eterna batalla
del ser, y no ser.
Conozco vuestros pesares tanto como vosotros
mismos, pues he oído el lacerante clamor
de los caídos, y he padecido
el dolor extremo de
los ausentes.
Yo…,
he visto cosas que no creeríais,
pues he estado allí, desde el mismo momento en
que la “grandeza” dio a luz, la luz
que cegaron vuestros ojos.
Y he aquí que, en esta hora oscura
en que
los “all’bhóres” se debaten con
las
negras guerras del
tiempo
¡Yo, he venido a vosotros!
He venido recorriendo millones de galaxias
solo para veros, y poneros el conocimiento del
universo por entero a vuestros pies...,
pues es hora de…
partir.
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