Camelia se puso la camiseta sobre el traje de baño.
A pesar de encontrarse en el mes más caluroso, los
picos cubiertos de nieve de los Montes Bucegi le quitan las
ganas de tomar el sol.
Camelia portaba una pequeña mochila y continúo
caminando lentamente en los pasos de Liviu. Detrás
de ella estaba Roland. Cortando transversalmente la cuesta
de la montaña, Camelia observo que Liviu dio un paso
demasiado largo. Con sus pequeñas botas debía
caminar sobre los pasos de alguien, o de lo contrario, podía
deslizarse. Ella era la única en el grupo que no
era escalador y no tenía botas adecuadas... y Roland
también, a pesar de ser un escalador experimentado,
él había ido solamente con la intención
de pasear en Predeal, por lo que iba poco preparado y sin
el equipamiento apropiado. Se reunió con el grupo
de amigos de escalada en la estación, fue invitado
al viaje y él se mostró de acuerdo inmediatamente.
– Pero aquí no hay rastros - dijo Camelia preocupada.
Al momento siguiente continuó cuesta abajo hacia el
abismo. El ritmo era alucinante, porque el deslizamiento era
terrible sobre la nieve.
"¡No hay salida! ¡Mira si muero!" -
pensaba Camelia. Al siguiente segundo se golpeó en
algo. Era Roland, que regresando sobre sus pasos en la nieve
a toda velocidad. "Es necesario hacer algo para parar."
- pensó Camelia, como despertando de un sueño,
girando.
Entonces sintió algo frío en todo el cuerpo.
"¡He muerto!" - pensó Camelia.
Un instante después vio que estaba suspendida en una
roca sobre una pared vertical a unos cientos de metros. Se
agarraba con una mano a un pedazo de roca y con la otra a
un trozo de hielo flotante. Todo su cuerpo estaba sumergido
en la nieve y un hilillo delgado de sangre goteando del cuerpo.
En la diagonal, en el límite del precipicio se encontraba
Roland. El grupo de excursionistas que estaba arriba, había
comenzado a gritar impaciente:
– Descenderemos rápidamente. ¡No os preocupéis!
¡Menos mal que estáis vivos!
El descenso duró media hora, bajando más de
70 pies en el abismo hasta llegar a la nieve. Camelia tuvo
tiempo suficiente para recordar todo lo que había sucedido
durante el día. El domingo por la mañana debía
ir a una excursión con Mihaela y su marido Mihai a
la montaña. Camelia estaba muy entusiasmada porque
nunca había realizado una excursión de este
tipo. Con sus padres sólo había viajado en automóvil
y siempre se había alojado en un hotel durante las
vacaciones. Nunca había estado alojada en una tienda
de campaña, además generalmente iban al mar,
no a las montañas.
En el colegio donde seguía los cursos con perfil de
matemáticas-informática y en la universidad,
perfil técnico, los compañeros de clase eran
generalmente chicos. Entre las chicas solo una o dos estaban
dispuestas para ir de excursión. Las compañeras
que no eran de Brasov, eran mayores y se debía a que
habían estado trabajando, por lo que entraron más
tarde en la universidad. Ahora conocía a Gabriela,
miembro de un grupo dedicado a la protección de la
naturaleza, de la universidad, contaba con algunos estudiantes
de la Facultad de Ciencias Forestales. La excursión
que se iba a llevar a cabo era de un solo día.
Durante la semana anterior habían ido por algunas colinas
más allá de Sacele, donde habían encontrado
unas flores raras, protegidas por la naturaleza y las habían
fotografiado. A Camelia le gustó mucho. El sendero
era fácil de transitar y ¡las flores eran tan
hermosas!, además Camelia amaba a las plantas. Pero
en ese momento los miembros del grupo decidieron realizar
una ruta más difícil. Camelia no había
hecho un viaje así por la montaña y en ningún
caso, con personas con una amplia experiencia en la escalada,
que habían realizado subidas sobre Tatra y Pamir. Así
que eligió unas botas elegantes, de deporte y de calle,
porque no sabía qué calzado era necesario para
la montaña. En la estación de Brasov se encontraron
con Roland, amigo de Liviu -el arquitecto-, que era el miembro
más viejo del grupo. Él tampoco estaba preparado
para la montaña, porque planeaba caminar únicamente
por Predeal con el fin de meditar tras un divorcio reciente,
antes de su salida definitiva hacia Alemania...
– ¿Cómo estás Roland? ¡Cuánto
tiempo sin verte! ¡Ven con nosotros! Hoy vamos a escalar
en Bucegi - dijo Liviu.
Roland disfrutó de esta oportunidad inesperada y aceptó
sin discusión. Se bajaron del tren en Busteni y comenzaron
a subir los picos de las montañas. A pesar de ser verano,
las laderas estaban cubiertas de nieve. Camelia comenzó
a caminar sobre los pasos de Liviu, porque parecía
el más seguro, siendo el mayor del grupo. Tenía
unos cincuenta años, era profesor de matemáticas
y venía con su esposa. Roland era alegre y jugueteó
todo el camino, él siempre iba detrás de Camelia
y empezó a recolectar flores de rododendro. Camelia
estaba generalmente mimada por los hombre que tenía
a su alrededor. En la universidad, sus compañeros de
estudios siempre intentaban complacerla, igual que algunos
compañeros, de la Universidad de donde trabajaba, que
tenían más o menos su edad.
Mircea, el profesor asistente en el grupo era el más
taciturno y sólo dijo unas pocas palabras. Se detuvieron
en una ladera para comer. En el lado opuesto un oso hizo su
aparición, a esa distancia no era peligroso y lo pudieron
admirar sin problemas. La comida era vegetariana dado que
la carne y otros productos cárnicos además de
los productos lácteos e incluso los huevos habían
desaparecido del mercado. Así que la profesora de matemáticas
preparó rápidamente en un bol una ensalada a
base de tomates, pepinos y cebollas. Mihaela había
traído con un tarro de zacuscã
1 ;
ella tenía una receta elaborada sólo con pimientos
y mostaza, que había dado a Camelia también.
No faltaba ni la ensalada de berenjenas ni el hummus de alubias
blancas. Alguien del grupo que tenía cerdos, había
traído un poco de tocino, pero eso fue lo único
que no se había consumido. Y un poco de pan... Después
de comer, el grupo continuo el ascenso, aunque hacía
calor, alrededor de ellos solo había nieve.
Mihai fue en ayuda de Camelia. Ahora parecía confiar
solamente en él. Era un hombre recio y Camelia subía
agarrándole las piernas gruesas como troncos de árboles.
Hasta ese momento había evitado ir con Mihai. Gabi
estaba un poco celosa pero no quería molestarla. Camelia
sabía que era muy hermosa. Ella había pensado
en que no quería que a su colega le importara. Pero
ahora ya no le importaba, lo único que quería
era llegar segura a su casa. Allí, arriba, en los picos,
María, la esposa de Liviu, tuvo una crisis nerviosa:
– ¡Por haber elegido principiantes, mira lo que
nos pasó! Mañana temprano debo estar en la escuela
a las ocho y llegaré tarde si no puedo coger el primer
tren desde la estación de Busteni. ¡Además,
tengo reunión del partido!
– Pero nosotros somos culpables - dijo Mihai. Esta es
una ruta de cuerda, para nosotros, los escaladores experimentados,
es fácil, pero no pensamos en el resto del grupo. La
próxima vez será necesario tener más
cuidado. En esta ocasión tuvimos suerte de que no ocurriese
nada malo, no quiero ni pensar que habría podido pasar.