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IMÁN - (De Napalm. Cortometraje poético. 2001)
          NO serán suficientes las caricias para decir “te quiero”,
          pero mi mano aprieta el corazón
          tendido como un puente hacia tu boca.
          No caben más guirnaldas en mis venas,
          ni más miel en tus pechos.
          El más breve latido de tu carne
          es un astro que tira de mis ardientes músculos
          hacia su mar de brasas o carbones.
          Ya en órbita,
          doy forma a tu sonrisa con mis labios.
          La tarde lentamente va llegando
          allí donde termina el tobogán,
          mientras cuento uno a uno
          los gajos de ternura que me llevo a la boca.
          La hostilidad del mundo,
          las hélices de plomo
          que cortaban el vuelo
          a todos nuestros globos y cometas,
          vive fuera del cuarto.
          En el cuarto,
          nuestro amor siembra puertos
          donde las naves tienen corazones atados a los puños,
          y los mapas revelan
          la duda de las norias,
          y las brújulas huelen
          el resplandor del oro,
          y los sueños desbordan los bolsillos
          cada vez que se zarpa.
          Monedas de sudor
          acarician tus senos
          y van dejando un rastro
          de pisadas de estrellas.
          No me duele la vida
          cuando veo en tus ojos de gorrión mojado por la lluvia
          lo risueño del niño
          que espera sonriente como un ancla
          su regalo.
          No me escuecen las alas
          cuando tus labios vienen a salvarme
          del incendio en que vivo,
          y la pasión nos toma la cintura,
          y el ritmo de la sangre golpea los tabiques
          y deshace la cama.
          Nuestro amor empapela las paredes del cuarto
          y vivimos felices entre algodón y fresas.
          En la calle es distinto,
          la gente nos recibe con una calurosa bienvenida
                                                           [a base de volcanes,
          y el odio es un revólver
          que apunta a nuestras manos cuando van enlazadas,
          que apunta a nuestros labios si nos damos un beso.
          Pero somos más fuertes,
          y nuestro corazón bombea en las ventanas
                                                             [sin miedo a los cristales.
Poemas de Ariadna G. García
 


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