HISTORIA
DE UNAS BANDERAS CON PREHISTORIA AL FONDO
Al
poeta Leocadio Ortega, in memoriam
Tejedor Leocadio entre la jauría de lobos sin banderas
A buscar esa sombra de un aullido el aceite de los barcos
celestes
en el lomo se posa del concierto inconcluso
a la sazón bajando como abejas del tímpano
a una desolación de bárbaros andamios sobre
la yerba impura
Esta vez el noray ignoró una bandada en espera
el vuelo incesante de las amapolas y el engaño azul
de la infiel benzedrina
Esta vez no quisiste dormir otro sueño más
allá de aquel que no existe
con las alas truncadas por marasmos de perros callejeros
Su estertor de cabinas y alféizares que incitan muchedumbre
de peces
fue cazar al cetáceo que aloja tu ausencia milenaria
No encontraste el declive del oro sobre los muros del muelle
La muerte fue una efímera senda que huyó de
los calendarios
y una noche en el párpado que encendía pespuntes
en la infancia de Gelman
El llamado del mar envasado al vacío va dejando cartones
impresos en las uvas del labio transcendido
a una voz que le teme a la lluvia de sí
El llamado del mar el no invitado a la vida el desterrado
al cantero de nadie el que iba a volar y chocó contra
el muro
con un cuervo esperando su habitación kafkiana
el reo que encerró al alcaide del lenguaje a este
lado de la horca
y creyó marchitar el asfódelo que William
Carlos
plantó en el infierno de Dante cuando dormía
al raso
y soltaba los óbolos en el río de sus venas
para llegar callado a la Estigia del verso
Tejedor Leocadio Ortega tu ortiga en el caletre asombrado
realidad urticaria que piensa y no transcurre
por la piel de penélopes que tejen horizontes sin
hilos de otra orilla
o arañas que destejen el tapiz de lo andado
Guerrero que llegaste de tu atroz singladura
con el arco astillado sin presentar batalla