La
tumba de Walter Benjamin en el cementerio de Portbou
es una gran lágrima de piedra entre dos árboles
florales,
que toca fondo sobre un lecho de grava banca y gris.
Delante de ella está escrito:
No hay ningún
documento de la cultura
que no lo sea también de la barbarie…
Para Benjamin
Toda la sabiduría
del melancólico viene del abismo.
Delante del texto, sobre las piedras,
la gente acostumbra a dejar piedras lisas con inscripciones,
versos y textos
sobre el suelo, la grava y la lápida de mármol.
El cementerio de Portbou está en la ladera de una
colina que mira al mar
y en él, hace ya tiempo, alguien olvidó o
dejó frente
a la tumba de Benjamin una silla de enea
para que quien llegara se sentara un rato, mirando al horizonte,
y charlase con el viejo sabio
o le leyese alguno de sus textos como remembranza.
Luego, siempre queda el paseo obligado al memorial
que Dani Karavan le rindió,
con una gran losa de hierro que acaba en un cajón
oscuro
y por el que entra, como esperanza, una vista, un punto
de fuga,
al mar Mediterráneo,
un espacio mental para salvar el último de los abismos:
el de la muerte.