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poema de Anna Donner

DEL DESPUÉS




 

      I

Detrás de la pared de vidrio
dedos inquisidores se burlan,
todos miran exhibiendo la plástica felicidad
del gozo de saberse en la vidriera
de los que están en la cárcel.
Y vos,
¿no has visto que la cárcel es transparente
y que no estoy dentro?

      II

Camino en medio de diálogos sordos,
ruidos vacíos,
¿son cáscaras de naranja fosilizadas?
Hordas enardecidas en la búsqueda de quién sabe qué.
Búsquedas sin rumbo ni razón.
Me parece haber oído que una piedra me habló.
Y sigo caminando por esta ciudad de mutantes.

      III

Como estatuas que caminan,
como blancos catafalcos,
así es que vuelvas,
es muerte sin muerte,
es caminar por la misma ciudad sabiendo
que nunca más nos encontraremos.
Como lágrimas de ríos secos hablo con ecos,
las piedras se ríen
y seguimos caminando por la misma ciudad.

      IV

Sólo veo negativos;
las fotografías jamás serán reveladas.
Dicen que alguien lo ordenó,
el decreto le robó el papel a la ley.
Pero de algo tengo la absoluta certeza,
ya no hay vuelta atrás.

      IX

Cerca como las estrellas,
nosotros es memoria,
viento,
vidrio,
sepulcro sin cadáver,
telaraña del viento del oasis seco.
Sólo somos el desierto y yo.

      V

Que me lleven mis vientos.

      VI

Cuchillos de aire se clavaron en mi.
Ya a salvo,
en el vacío de una habitación
atravesada por rayos luminosos y abrasadores
¡cómo me gustaría que me abrazaras!


      VII

Grises domingos encandilando horizontes
Pulpos rojos danzan en la ciudad toda
Y yo aquí esperando al sol.

      VIII

¡Ay!
Las utopías eran todas de barro.
Los sueños se hicieron mentiras,
los dioses devinieron en monstruos,
las promesas en humo.
Jarrones rotos que pegarán en el infinito.
Lo único cierto —me digo
—es la farsa refulgente.

      XI

Aguaceros que parieron soles
Y en la habitación con peces
dormiré flotando.

      X

La tarde tan gris
como el anuncio de una profecía
y llueve.
Un sarcófago de cristal
con Blancanieves hecha vidrio;
Eolo se fue con los besos del príncipe.
—Han matado a Teseo
—dicen las gotas que repiquetean contra las piedras.
Ariadna eterna en el laberinto,
el Minotauro al acecho
sobrevuela la ciudad aterrorizada
mientras traga cada pieza del tablero.

      XI

Flores de plástico en un podio de oropeles
El ídolo horadado vende felicidad rosada
Atrapada en el aluvión de princesas desespero
en la valla de alaridos por el beso del vendedor
Asfixiada en el talud me voy ahogando,
caída del tiempo que ya no existe.

      XII

Crisálidas eclosionan telarañas
La bruma se hace humo
y solo queda la memoria.


      XIII

Si deviniera en aguacero el fuego fatuo
los búhos mutarán en palomas
fotografías no reveladas de catacumbas negras
Ojalá fuera una fotografía.

      XIV

Quizá pinten el horizonte de negro
Quizá no vea más el sol
Quizá la alegría devenga en vacío
Y yo con los ojos vendados
En el calabozo no se ve nada.

      XV

La fotografía del hombre en blanco y negro,
la vida imaginada como unicornios azules,
ayer me pareció que caminaba por la ciudad,
—¡Está vivo!—me dije,
efímera alegría fluyó ante el descubrimiento.
El hombre me miró como si no me conociera,
y caí en la cuenta de que no era él,
era parecido pero no era él,
medusas teñían la costa de violeta,
moscas danzaban en el horizonte,
trajes olían a naftalina,
el transeúnte proseguía la marcha,
confundiéndose con el crepúsculo,
desapareciendo en lo que quedaba del día,
para siempre.

      XVI

Como una bailarina que quiere
tocar el cielo con la cabeza
resisto lo que queda del día
ante la irreversibilidad de lo que fue
hasta el día en que descansemos contiguos
en la misma tierra
y nuestras almas vuelvan a comunicarse,
como las de nuestros abuelos
al vaticinar nuestro destino.

Selección de poemas de © Anna Donner Rybak , cedidos por deferencia de la autora para la revista mis Repoelas:






De después


 

 


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