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relato de Mónica Alejandra Puleri Campos

EL RANCHO DE LA TÍA ÑATA

Mis locuras, mis viajes me llevan por senderos inimaginables cuando la añoranza golpea mi puerta, en más de una oportunidad mi falsa memoria me enredan en mi pasado, donde mi infancia, ni muy blanda ni muy dura estuvo rodeada de seres maravillosos, entre ellos mi querida tía Ñata.
No era una tía como todas, era mi tía Ñata, así como suena, hermana mayor de los hermanos Puleri, vivía en la ciudad de Paysandú en calle Ledesma y rio Negro, donde estaban los eucaliptus más grande de la ciudad o los que yo en mi niñez creía los mas grande, más de una vez tuvo al rio Uruguay a los fondo de su rancho cuando la creciente invadía la costa sanducera.
Madre de diecisiete hijos, unos vivos y otros no, madre de toda la gurisada que se amontonaban a jugar con sus hijos, y de muchas mujeres a quienes abría las puertas cuando los maridos se pasaban de la raya, una mujer con m al principio.

    Cuando nació, el dos de octubre la bautizaron con el nombre de Isabel, la mayor de trece hermanos ayudo a criar a los más chicos, ya que su madre, mi abuela trabajaba la tierra y lavaba a mano para los paisano del lugar, cuando era niña trabajo la tierra junto a sus hermana, y en el duro invierno calentaban sus manos castigada por la helada con fósforos o con pequeñas ramas hacían fuego para ahuyentar el frio.
    A pesar de los infortunios, se fue a la ciudad, donde contrajo matrimonio, fue feliz, y en lo mejor de su edad el destino perverso, en una tarde de playa dios se acordó de su compañero y sin explicación se lo llevo, viuda y con hijos pequeños comenzó un caminar para sacarlos adelante, así lo hizo. Ya que no le temía al trabajo, llego a trabajar en cinco casas de familia diferente para que en su rancho la pobreza solo mirara de la calle, quizás o no tan quizás, en aquel rancho no había dinero, pero sobraba amor, tolerancia, comprensión, y una reina Isabel que marco nuestras vidas asta nuestro presente.
    Cuando era niña los veranos lo pasábamos en el rancho de la tía, un rancho de chapas y madera, si lo mirábamos bien, podría decir hoy con mis recuerdo, que era un rancho alegre, lleno de críos, suyo, de sus vecinas o de su hermano Lázaro, mí papa, allí mi infancia fue feliz, como no recordarlo, fue la primera vez que no sentí discriminación, todos éramos iguales , comíamos lo mismo, si había para uno había para todos, por grande que fuera la pobreza, ella sola se bastaba para darnos de comer, vestirnos y calzarnos aunque fueran un par de zapatos de puntas finas hoy tan de moda y en aquellos tiempo tan pasado de modas que mi hermano no quería ponérselo, pero ella lo calzó, así como cuando mi mama fue a tener a mi hermano más pequeño, a mí me habían operado la mano derecha de un panadiso infeccioso en el dedo mayor, ella se encargaba de llevarme a curar y de visitar a mi mama, tengo tan presente cuando en ese verano fuimos a la playa, todos se bañaban y yo miraba, en un momento tomo una bolsa de nailon y me envolvió la mano y me mando al agua con mis primos.
    Cierro los ojos y me transporto debajo de los árboles del patio donde jugábamos con mi hermano que aún era pequeño, veo a mi madre embarazada abanicándose con una revista vieja, a mi padre tomando mate con mi tía, los gritos y llanto de los pequeños llamando la atención de la tía ñata.
    Su voz me llega del pasado, con su vocabulario de camionero, cada cuatro palabras decía alguna grosería, nos acostumbramos tanto que no repetíamos lo que ella decía, nada la sacaba de sus cabales, siempre dispuesta a resolver problemas, pero ante la injusticia era una leona, como para defender a sus hijos.
    Como me gustaría volver a mi infancia, que la vida me devolviera a mi tía Ñata, a su rancho de piso de tierra, con goteras, pero con tanto amor, que me he preguntado más de una vez porque se fue, un día antes del día que me casé.

Selección de poemas y relatos de © Mónica Puleri , pertenecientes, los poemas al libro En busca de un Sentimiento cedidos por deferencia de la autora, para la revista mis Repoelas:






Hermandad tardía ~ : ~ Llueve ~ : ~ Me condenaste ~ : ~ Extraño

Doce versos para África ~ : ~ No he tenido valor




Charla con un muerto ~ : ~ Noche de soledad y sombras

El rancho de la tía Ñata ~ : ~ Locura, bello estado de mi conciencia

El tatarabuelo de mi nieto ~ : ~ Clara


 


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