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relato de Mónica Alejandra Puleri Campos

NOCHE DE SOLEDAD Y SOMBRAS

Era una noche de enero de luna llena, con un cielo sembrado de estrellas, la luz de la luna bañaba el paisaje sereno de colinas onduladas, perdidas en el horizonte de parada constancia, un pequeño poblado en el interior de Paysandú a tan solo unos trece kilómetros de la ciudad capital del departamento, a la altura del kilómetro trescientos ochenta y tres de la ruta tres, comienza el camino vecinal que cruza una vasta zona de chacras y estancias y campos de siembra, este camino es conocido como camino de las avenidas, que toma su nombre de uno de los establecimiento ganadero de la zona.
A mil cuatrocientos metros de la ruta tres por el camino de las avenidas nace el arroyo el chingolo, que serpentea entre campos y cuchillas, acompaña al arroyo desde su nacimiento una alameda que se extiende por unos trecientos metros de largo por unos treinta metros de ancho, de hermosos álamos carolinos, aquella cortina de árboles alcanza una altura superior a los veinte metros cargado de plateadas hojas .Mientras dura el caliente verano el ganado vacuno, bobino y caballar hayan refugio del calor estival y las lluvias, por esa razón el campo de la alameda se haya limpio de mata silvestres y enredaderas dejando un tapiz limpio de hojas y ramas secas.

    En la escuadra que forma el monte y el arroyo, se encuentran tres pajonales que a la luz lunar toman un color amarronado, destacándose en el paisaje de esa noche estival.
    Apocas metros se encontraba la portera de la estancia, todo el lugar vibraba, la belleza del lugar podía ser disfrutada a pleno, por los sentidos, el paisaje tenia vida mágica propia, se escuchaba el trino de las aves nocturnas, el aleteo de las aves, el sonido de loa animales del campo, el sonido de la brisa nocturna al rosar las hojas de los árboles.
    Alguien viene por el camino vecinal, el galope de un caballo rompe el silencio de la mágica noche, el hombre venia silbando bajito, disfrutando del paisaje que tanto conocía, ya llevaba muchos inviernos trabajando en la zona como peón de campo, amaba aquel lugar, Poe eso se radico definitivamente en el lugar, echaría raíces, ya había vagabundeado mucho por el país.
    Aquellas noches de verano despertaban en el sentimientos de paz, esa paz que hacía mucho tiempo había perdido y fue en aquel lugar que su corazón encontró un lugar para el olvido, sin olvidar, SSS quien no tenía algo para olvidar SSS, llego a la portera de la alameda, desmonto su caballo y con las riendas en sus mano se acercó a la portera, la abrió lentamente, pasa el animal y el, cierra la portera, ya queda poco, en unos minutos llegara a la estancia, el camino de la alameda termina en el portón del casco de la estancia donde él trabaja desde hace un año.
    Va a montar cuando se siente observado, un escalofrió recorre su columna vertebral, todos sus sentidos se pusieron alerta, todo queda en un silencio absoluto, toda la naturaleza se trasmuta, la suave brisa se convierte en un viento frio, suave pero muy frio o es como él lo siente, SSS será el alcohol que bebió en el boliche SSS no era supersticioso, pero, pero aquella parecía una noche de brujas, sintió en su piel el silencio absoluto y se erizo.
    Monto el caballo y cuando queda herido en su montura, mira hacia el pajonal todo se detuvo, sus ojos quedaron atrapados en el pajonal, en el centro mismo de él se encontraba una mujer de pie mirándolo directamente a los ojos, el choco con esa mirada oscura y penetrante.
    La observo incrédulo, todo en ella era impactante, su cuerpo de junco cimbreante, su piel cobriza de tanto exponerse al sol, su rostro era como la luna llena que reinaba en el cielo de esa noche de enero.
    Todo era mágico a su alrededor, su cabellera caía como una cascada de pelo renegrido y lacio por su espalda hasta llegar a sus caderas.
    Cubría su cimbréate cuerpo una túnica como de lienzo transparente que la vestía hasta por debajo de sus rodillas.
    Miles de pensamientos cruzaron por la mente del hombre, miles de sentimientos cruzaron su pecho, pero algo podía reconocer, aquella india era la belleza hecha carne, era la expresión de la belleza que el espíritu no puede plasmar que solo los locos pueden contemplar.
    El hombre no reaccionaba, como hipnotizado observaba los acontecimientos en el pajonal.
    Ella giro su cabeza hacia los lados y muy lentamente camino hacia la alameda bajo la mirada asombrada del hombre.
    Sus pies descalzos se hundieron en el colchón de hojas y ramas secas que al quebrarse bajo el peso del cuerpo rompieron el silencio de la noche.
    Mirándolo siempre de frente y caminando de espalda se interna unos metros en la alameda sin perder al hombre de vista.
    La mujer se detiene mira nuevamente al hombre en silencio, la naturaleza se aquieta, todos los sonidos acabaron de pronto, solo el viento acaricia la piel cobriza de la mujer y mueve el lacio pelo, acariciando así su recta espalda.
    El hombre no se ha movido, sigue contemplando extático aquella escena que no sabe de qué película de misterio ha salido, trata de razonar , SSS es real SSS será que se tomó unas cuantas copas de más en el boliche, no, no era ese el motivo, el real motivo era su soledad, si su soledad mezclada con unos vinos sumándole las sombras mágicas de la noche de luna llena le hacían creer que frente al comienzo mismo de la alameda había una mujer, no una mujer, una india, mágica de inigualable belleza digna para cualquier hombre.
    Todo era una locura cerraría los ojos y cuando volviera a abrirlos todo el hechizo de la luna llena habría desaparecido, y el recobraría la cordura, lo intento, cerro fuerte los ojos y fue en ese preciso momento ella le da la espalda y comienza a caminar internándose en la alameda.
    A cada paso suyo las hojas y ramas secas comienzan a crujir quebrando el silencio.
    El sonido de las ramas al quebrarse hicieron el efecto deshechizarte del hombre, abrió sus ojos y tomo conciencia de lo que le estaba sucediendo, tiro de las riendas del animal que hasta ese momento solo había sido mudo testigo de lo que ocurría, el hombre taloneo al animal animándolo a la carrera rumbo a la mujer que se iba perdiendo en la alameda.
    No sentía miedo, era como si toda su adrenalina se hubiera puesto en funcionamiento, el alcohol desapareció de su sangre y su mente, mientras que la adrenalina corría por sus venas como un mar revuelto haciéndole sentir sensaciones desconocidas para él, era como si una droga poderosa fuese inyectada en sus venas y lo obligara a vivir sensaciones desconocidas para él, en pocos segundos el caballo la alcanzaría, estaría a su lado, la contemplaría de cerca, se sacaría las dudas de donde había salido, que hacia sola en la alameda, ella comprendió lo que le sucedía al hombre y comenzó a correr por entre los árboles.
    Corría ligero, más bien volaba como el viento flotando en su cabellera, esquivaba los obstáculos como si conociera desde siempre el lugar, como si estuviera acostumbrada a recorrer a pie ese lugar.
    Apuro su montura, el aire estaba tenso su corazón desbocado se le salía del pecho, la luz lunar bañaba el paisaje tornándolo misterioso, formando sombras, simple marionetas manejada por una gigantesca mano anónima.
    La india era una creación más de la magia del lugar, corría con sus cabellos al viento, dejando tras de sí una estela del perfume de su piel juvenil, dulce aroma del murucullo.
    El hombre fue impregnando su sentido con ese olor y su sangre corrió por sus venas desenfrenada, alterando su mente.
    Quiso alcanzarla poniendo su vida en ello.
    Castigo con las espuela al caballo el cual en prendió una carrera desbocada, no temía terminar contra un árbol, no sentía temor, todo era tan irreal, frente a el corría una india entre tétricas sombras y el macabramente la seguía por un monte a caballo.
    Lo que hace la soledad en un hombre, que es capaz de ver lo que no se ve, en el momento oscuro de su soledad cree encontrar en una noche de luna llena la mujer perfecta, siente que la pierde, ella no quiere detenerse, quizás no puede comprender el sentimiento que a él lo envuelve.
    De pronto ella se detiene de golpe, en el recodo del arroyo donde termina la alameda, lo mira y camina unos pasos y se para en un claro despejado, de cara a la luna, la luz lunar la torna mágica , irreal, .
    Él se detiene a contemplarla a muy pocos metros, en silencio, su voz se niega a romper el silencio para no romper el hechizo, por segunda vez se pregunta si no estará enloqueciendo, no, frente a esta de pie una india de negra cabellera, vestida con una tela transparente, dueña de una belleza sobre natural, no había duda que así era, no podía seguir engañándose,
    ¿Qué brujería era aquella ?él no tenía una repuesta lógica, seguro no era un sueño y si lo era quería despertar pronto.
    Hostigo su caballo para que se acercara un poco más a ella, el animal no respondió al mandato del hombre, más bien bufaba, clavaba sus patas delantera en el suelo, inquieto, asustado ante aquella aparición sobre natural que ponía al animal nervioso ante la insistencia del hombre, el caballo no quería participar de ese momento, se encabrito tirando por el suelo al jinete.
    Desde el suelo el hombre contempla a la india que le regala una sonrisa, alza sus manos hacia el cielo y desaparece envuelta en la luz lunar.
    El caballo desbocado sale disparando por el campo rumbo a la estancia, el queda tirado en el suelo, entra en un estado de esquizofrenia total, intento ponerse de pie, por el esfuerzo realizado pierde el equilibrio y cae golpeando su cabeza, pierde el conocimiento entrando en un profundo sueño.
    A la mañana siguiente sus compañeros encontraron el caballo ensillado en la portera de la estancia sin su jinete, hecho que les llamo la atención, ya que nunca había sucedido, preocupados salieron a buscarlo encontrándolo al poco rato a pocos metros del portón.
    Estaba completamente desnudo, corría desesperado de un lado a otro sin detenerse buscando algo que se le había perdido.
    Su mirada extraviada, sus ojos enfebrecido, perdidos, su voz ronca desfigurada, buscando desorientado algo que solo él veía, era el vivo retrato de la locura.
    Sus compañeros se preguntaban qué había sucedido, era la locura de la soledad llena de sombras que tiene un hombre por las noches.
    De ella nada se supo desapareció en las ruedas de mate amargo de las estancias de fogones apagados por las noches y en las ruedas de borrachos en los boliches de sucios mostradores, paso a ser una leyenda, una más de las que corrían en las ruedas de los gauchos, de viejas comadronas por las tardes de tedio del paraje.
    Y…. de él,… el conto con cordura lo sucedido, pero su cara desfigurada de desequilibrado, sus ojos afiebrado por la locura no daban crédito de sus palabras, por eso nadie le creyó, entonces su mente se fue en un viaje sin regreso a ese mundo de sueños en el que el hombre común no pude creer.
    Increíblemente termino loco, desequilibrada su mente, encerrado en un manicomio cualquiera, olvidado pero dentro de su locura aun prendida en la retina de sus pupilas se puede observar a una india corriendo por la alameda vestida con lienzo transparente con su cabellera al viento bañada por la luz lunar, acompañada de sombras arabescas, marionetas manejadas por los hilos de la soledad.

Selección de poemas y relatos de © Mónica Puleri , pertenecientes, los poemas al libro En busca de un Sentimiento cedidos por deferencia de la autora, para la revista mis Repoelas:






Hermandad tardía ~ : ~ Llueve ~ : ~ Me condenaste ~ : ~ Extraño

Doce versos para África ~ : ~ No he tenido valor




Charla con un muerto ~ : ~ Noche de soledad y sombras

El rancho de la tía Ñata ~ : ~ Locura, bello estado de mi conciencia

El tatarabuelo de mi nieto ~ : ~ Clara


 


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