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POESÍA DE AMIGOS

 


DANIEL CUBAS ROMERO

 

 

POESÍA MMXVIII

 

He recortado mi vuelo de amplitud espaciosa
Para posarme en la calidez de una piedra,
En el pedrusco de su perfil áspero se descubre
Una soledad en la que habita despoblada y llora,
Que quiere dormir sin despertar, sin desadormecerse,
Porque todos sus sueños se han marchado sin despedirse.

Le he pedido al pedernal que hable por favor,
Porque su voz forma parte del paisaje de la vida
Y los horizontes extensos quieren acariciar
Como todas las tardes la sinuosidad de sus sombras.

¿Por qué nadie jamás te conversó? Pedrusco, roca, arenilla,gema
Me he posado no por descanso, sino por tocar tus lágrimas pétreas,
Por querer seguir la huella humedecida de tus lamentos
De serpenteantes caminos de fango que otros la han convertido.

Soy una nube de estrato nebuloso que recorre
Toda la espina dorsal del cielo, como bóveda celeste
Que viaja ante los ojos de Dios, el altísimo de la divinidad
Cuya pena de tu silencio obstruye la salida del alba, la salida del sol.

Entonces ha leído la pesadumbre de tus ojos
¿Por qué el hombre mata la naturaleza en cada amanecer?
Y piensas que la benignidad del edén, Adán no lo supo jamás entender.

El hombre nunca supo escribir en sus corazones
La convivencia que puede tener una flor con el aroma,
Los abrazos del viento con tu belleza
Que sin tener manos han sabido acariciar tus paredes rocosas
Y el tiempo, el tiempo conoce toda la historia calla y se lamenta.

¿Por qué ya no se escucha el aullido del invierno?
Y los ríos no recorren su camino con la musicalidad de ensueños,
Las aves ya no anidan y las cigüeñas no retornan para anunciar
El inicio de las primaveras de las tantas flores que han muerto.

La roca se puso a llorar porque el Mundo se destruye
Por la codicia, por la mano perpetua del odio
Y aconteció en el paraje luego después de nueve días,
Cuando la roca habló, que las aflicciones han crecido más de lo debido.
Que la matanza de los niños en las guerras, es tan igual que elevar sus sangres
Ante un santuario falso de rezos inconclusos, de una fe que camina cojo.

La nube se perdió por unos horizontes extraños
Y se puso a llorar desconsoladamente,
En espera que el hombre, la mate a ella también.

Poema escogido de © Daniel Cubas Romero, para su publicación en la revista mis Repoelas:






POESÍA MMXVIII




 



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