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POESÍA PARTICIPANTE EN EL EVENTO
DIA DEL AMOR Y AMISTAD INCONDICIONAL

 


MANUEL F. ROMERO

LA AMISTAD
 

Hace muchos años, rondaba yo mis treinta años, regresaba con mi familia del carnaval de Humahuaca. Un bello y centenario pueblo, arriba de los cerros “de siete colores” cerca de las cumbres de las montañas de Jujuy, a más de tres mil metros del nivel del mar, ya cerca de la frontera con Bolivia. Es un lugar muy especial, donde en cada casa, cada rincón, cada espacio, se respetan con fervor religioso las ancestrales costumbres de los Incas. Se respira el aire y los olores de los pueblos ancestrales de la vida precolombina, con sus aromas, sus comidas, su bebida milenaria, la “chicha” o la “aloja”, rubia, de color oro, fabricada con el antiguo proceso de la fermentación del maíz. Lo mejor, aunque sea muy rica, es no entusiasmarse con ella, es más agarradora que el mismo diablo de la comparsa.
Habíamos estado allí por qué quise que mi familia conociera el carnaval Cuzqueño, un espectáculo inolvidable de nuestros pueblos originarios, que en alguna medida, los nacidos en estas latitudes, transportamos sus genes.
Ésta se prolonga por varios días hasta su entierro, momentos donde se escucha el lamento y los pedidos de las chayera, donde todo el mundo se divierte con sus trajes típicos, en un total respeto.
Vi a mi bella mujer, en ése entonces tenía veintiocho años, bailar entre las mujeres y los hombres disfrazados de guerreros incas, contagiada de la ceremonia y la alegría del baile, cubierta de harina y un ramo de albahaca en la mano.
Allí conocí "la noche de las antorchas”, ceremonia maravillosa, antes de desenterrar y homenajear a nuestra Madre Tierra, la Pacha Mama. Se me terminaban las vacaciones, así que decidí partir después de ver el formidable espectáculo de cientos de aborígenes descendiendo de las cumbres de las sierras altas, en una caminata que se prolonga casi toda la noche, hasta el amanecer, por los seguros senderos de las cabras, con las antorchas encendidas, hasta el pueblo, llevando cada uno una ofrenda a su Madre Tierra. Y luego, partimos.
Tenía un buen auto, casi nuevo, con buena luz. Cuando joven, me gustaba viajar de noche, tenía muy buena vista y buenos reflejos. En los caminos de las montañas, en cada curva, y son muchas, se divisan perfectamente las luces de los autos que avanzan de frente, en la total noche negra de los tortuosos caminos. En la noche oscura y fría, aun en verano, la temperatura baja mucho en la noche en las montañas, ya en marcha por el camino de piedra dinamitada y triturada, (en la actualidad, este mismo camino es una autopista maravillosa) veo a alguien que me hace señas para detenerme.
Momento riesgoso por el lugar, pero decido detenerme. Era un hombre preocupado, comprovinciano él, y vivía cerca de casa, que se le detuvo el auto con toda su familia y varios niños pequeños. Conozco del asunto y utilizando algún material que llevaba para auxilio, en la profunda negrura de la noche, ayudado por un par de linternas, consigo repararle el auto en menos de una hora.
Muy agradecido, me preguntó que le debía, a lo que le respondí que me daría por bien pagado si hacía lo mismo que yo hice por él con alguien que lo necesitara. Estrechó mi mano con fuerza para despedirse y decía "gracias amigo”, y me alcanzaba una tarjeta suya,”para lo que necesite” me dijo, a la que retribuí con una mía. Una niña pequeña que estaba a su lado, se acercó espontáneamente se agarró de mi mano, ya melosa por un enorme chupetín de caramelo, e inmediatamente la alcé. Me estampó un dulce beso de caramelo en la mejilla, diciéndome, con el arrojo de la más pura inocencia “quiero ser tu amiga", mientras depositaba con torpeza angelical su chupetín en mi boca.
"Cómo te llamas?", preguntó. "Manuel Francisco”, respondí "yo también quiero ser tu amigo", mientras le besaba su carita piel de durazno con un rizo color miel pegado con caramelo.”OOOH, te llamas igual que yo, yo me llamo Francisca". Ella fue mi pura y primera amiga del corazón, y perdurará siempre en mi memoria, hasta mi último atardecer.
Mi hija adoptiva (me dice papá, con la sonrisa cómplice de su padre) ya que afirma a los cuatro vientos que yo soy su segundo papá, se casó hace algunos cuantos años, y ya tiene tres hermosos retoños. El último de ellos, se llama Manuel Francisco, como su abuelo, su padre, y yo. Somos todos muy amigos con mis hijos desde hace más de 30 años. Francisco es médico cirujano especialista en corazón, él formó parte del equipo que me operó del corazón hace tres años. Esperó hasta operarme y luego se acogió a la jubilación.

Este es una de las poesías presentadas al evento "DÍA DEL AMOR Y AMISTAD INCONDICIONAL" de la pagina de Amigos de Maria De La Gandara que ha tenido la deferencia de cederlas para su colocación en mis Repoelas:

solo una palabra ~ : ~ tu alma y la mía ~ : ~ El corazón de los poetas

Madre ~ : ~ Caballero Hermoso y Elegante ~ : ~ Te amo tanto

Tú me enseñaste ~ : ~ caminar en el tiempo ~ : ~ Amor!!!

historia de amor ~ : ~ Mis hijos ~ : ~ En este bolsillo

te esperaba ~ : ~ Amor virtual ~ : ~ Carta de amor

La carta ~ : ~ Todo mi amor te doy ~ : ~ Cuando te conoci

¡Es la magia que tiene el amor! ~ : ~ Perdida en el silencio

Tierra Primaveral ~ : ~ Unas preguntas ~ : ~ Amor y Amistad

La amistad ~ : ~ a un amigo ~ : ~ Apasionada de ti

Siempre contigo ~ : ~ A todos mis amigos y amigas

Mi ser terrenal ~ : ~ Mi plegaria ~ : ~ Vivir enamorado

Amarte ~ : ~ Tu voz ~ : ~ Amado y amigo ~ : ~ El valor del amor

Embrujo ~ : ~ Amor y amistad ~ : ~ Amor y amistad

Amistad, sublime tesoro ~ : ~ De mi voz ~ : ~ Alma buena

Alud ~ : ~ Te amo ~ : ~ Eternamente enamorado de ti

Poema de amor ~ : ~ Preludio romántico ~ : ~ Afecto o inclinación

Avalon ~ : ~ Amor irreal ~ : ~ A mi esposa

A veces me parezco a Carilda ~ : ~ Lluvia de corazones

Tenia ella ~ : ~ Amor en un abrazo ~ : ~ A que huele el amor

El Amor ~ : ~ llegaste ~ : ~ Amigos para siempre

Dulce como la flor ~ : ~ No te vayas ~ : ~ Amigo de mi alma

 



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