| |
Abracé el
pecado, por tí,
esta historia empieza en el caos,
en las penurias del flagelo
dos miradas se han cruzado.
Nada fué tan fácil, para mí,
circunstancias varias, es el hoy,
mundo de ambición y de desliz,
el postor, el hambre y el deseo.
Pero las miradas se cruzaron
y como dos imanes se atrajeron,
al umbral de espadas y de credo,
¡prohibición!, lugar del condenado.
Cuando aquellos ojos se acercaban,
yo estaba clavado en la pared,
prisionero en un reino prohibido,
y solo por mirarte ¡viviré!
Al paredón me llevan, maniatado,
todo va tan lento, como un sueño,
los paisajes del fastuoso reino
y luego, ¡ahí estás tú, mi ser
amado!
Ya nada importa, ¡solo existes tú!
eres mi último sol que me consuela,
sonríes y me inundas de tu luz,
mi alma te sigue amando... mientras vuela.
|