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POESÍA DE AMIGOS

 


Juan Expósito Hernández :
Amor mío, déjame sentirte así
Amor mío, déjame sentirte así, como te siento,
déjame arrancarte a dentelladas las ropas,
que llevo enfurecido por tu piel el instinto,
que llego echando espuma por la boca.
Desordenado, inquieto, como un castor,
arribo hasta los leños, que arden en tu cintura

y hago en ellos mi casa. No debes defenderte.
Atácame si quieres pero no te defiendas.
Nada debe inhibirnos en esta noche inquieta.
Goza, mejor, esta pasión que me atropella,
que así, herido, me arrojo sobre tu cuerpo en llamas
para que tú me entregues a la muerte. No será tierno.

No quiero ya palabras delicadas. Quiero
que descarguemos todos nuestros complejos,
Quiero sentirme joven y sentirte salvaje,
Tirar los trapos sucios, tirar los años viejos
Quiero que te lubriques con mi semen,
Que se incendien tus labios,

con los dichosos jugos que elabora mi vientre
esta industria de luz y de locura.
Oh, mójame los ojos, anégame la carne con tus altos olores
Quiero que enloquezcan mis cabellos
quiero quedarme calvo,
que se vallan cantando una canción obscena.

Luego, arrástrame así, como me arrastro,
serpenteante, sinuoso, lleno de insinuaciones y proezas.
Amada, tócame, chúpame, báñame con tu lengua,

abre para mi sexo todos los caminos;
deseo que me digas, para poder decirte,
las ardientes palabras que siempre nos prohibieron.

Quiero decirte bestia, decirte guerrillera,
quiero decirte amante, putita descarada.
Quiero que me lastimes, lastimarte,

quiero que tú me orines, orinarte.
Quiero alzar barricadas en la cama como ayer en las calles;
quiero que tú me arrojes bombas incendiarias.

quiero escribir consignas en tu espalda,
clavar cinco banderas rojas en tu frente,
lo quiero todo amor, todo lo quiero

para que vengan bruscos los obreros a vernos,
para que vengan nuestros camaradas por andamios de luna,
para que vengan también todos los caídos.

con coronas de flores y de balas,
todos aquí mujer a nuestro lado, tú sudorosa,
activa, corcoveante, navegando furiosa entre las sábanas.

Quiero que mis jadeos pinten hospitales,
siembren campos de guerra,
quiero que cada barrio escuche tus reclamos

que salgan a la calle voceando tus insultos.
Diles que no te basto, que cien hombres no bastan
para amansar tu cuerpo.
Muévete, muévete, quiero hallar en tu carne rastros
de otros amantes y así hundirme en el vientre de Victoria
abrir y repartir los muslos de Daniela,

muévete, muévete, muévete; que cada beso
sea un enemigo muerto. Derrama tus caderas,
tu desnudez sangrante, que tú eres la mejor y la más sabia.

Echemos a la mierda todas nuestras mentiras,
las viejas frustraciones que nos encarcelaron,
quememos en las plazas esos tristes fantasmas

Hagamos finalmente, del amor, un combate.
Ante todos los presos que escuchen nuestro júbilo
de entusiasmados huesos, de húmeda agonía,

te pediré que nunca me permitas que tan solo yo acabe,
vente conmigo al alma de esta hoguera.

Hagamos finalmente, del amor, un combate.
Ante todos los presos que escuchen nuestro júbilo
de entusiasmados huesos, de húmeda agonía,

te pediré que nunca me permitas que tan solo yo acabe,
vente conmigo al alma de esta hoguera.

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