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CUENTOS Y RELATOS

 

UN MAL EJEMPLO PARA LOS NIÑOS

- Sí pero lo hago por ellos. Lo tuyo pueden pensar que es por vicio ¡me da asco lo que has dicho! Lo que más me jode es que no has pensado en mí.

- Tú piensas en ti, yo pienso en los demás por eso me jode que te hayas exiliado allí.

- ¿Qué es peor? Mi egoísmo por mi familia o tu egoísmo por tus pensamientos.

- Yo no lo veo así, si hago lo que te he dicho es por mi familia.

- ¡Mentira! No piensas en mí.

- ¡Y dale otra vez! ¡Es lo que hay!

Juanjo estaba alterado, no podía pensar con claridad, no sabía si estaba preocupado por el problema familiar o el arcabuceo de Montse. Ella resbaló su mirada cuando vio como Juanjo abría la puerta para marcharse, le preguntó a dónde iba, está vez cosquilleó las palabras para suavizar el ambiente, él respondió que necesitaba respirar, pasear sin dirección concreta y pensar, dar vueltas porque sí, Montse lo entendió.

"¿Por qué Montse no lo comprende?”, pensaba Juanjo ya en la calle, “es tan testaruda, prefiere hacer algo horrible con su cuerpo que vender coca, es capaz de hacerlo para demostrarme que no tiene miedo de quedarse sola si yo voy a prisión, aunque dice eso porque no conoce ese mundo, la ignorancia nos hace valientes. Es cierto que yo no quiero que haga eso por mí, es egoísta ¡claro que sí! Sino que clase de hombre sería, un chulo vago. Me duele, me duele que haya sido tan descarada, tan directa y clara para humillarme así, es un mal horrible, un insulto a mí y a los niños. Entiendo a las madres solteras que no tienen a nadie pero nuestra situación es diferente, Montse no piensa en mil situaciones que se pueden girar en su contra: al desgraciado que esté con ella se le puede romper el condón, algún sádico que le desgarre el culo, algún viejo que huela falta y tendrá que… ¡No! ¡No! Y mil veces no, cómo ha sido capaz de decirme algo así, se acabó, jamás de los jamases permitiré algo así, no he trabajado toda mi puta vida para acabar así, antes robo un banco, mato alguien que tirar a mi mujer en medio de un desierto rodeada de carroñeros. Voy a llamar a Fidel, está todo decidido”.

Fidel le respondió rápidamente la llamada, escuchó atentamente los problemas de Juanjo, éste no comentó las ideas de Montse. El camarero respondió que viniese a su bar hora y media después de la llamada telefónica, tenía una proposición para él, le advirtió que estaría alguien especial, tan especial que el local estaría cerrado, estarían los tres solos, Juanjo aceptó.

Llegó con una puntualidad inglesa al local, la persiana estaba echada hacía abajo, picó, Fidel abrió sonriendo, feliz porque su amigo había vuelto, al menos era la sensación que percibía Juanjo, hecho que lo repugnó. Fidel volvió a cerrar la persiana una vez que los dos estaban dentro, le guiñó un ojo como si le perdonase por su huelga de la semana pesada. Entonces Juanjo vio un hombre que estaba en la barra preparando unos cócteles, se presentó, se llamaba Sebastián, invitó a Juanjo a sentarse en un asiento de la barra, entonces Sebastián le habló de la preparación del daiquiri como si fuese un coctelero profesional, preparó tres, ordenó a sus acompañantes a sentarse para platicar en el comedor del bar una vez finalizó su composición alcohólica, parecía que el local fuese de su propiedad. Juanjo sabía que aquel hombre no era otro traficante del barrio, nunca había visto a Fidel actuando como un siervo con alguien, con Sebastián era un perfecto idiota que le reía todas las gracias, escuchaba con atención y admiración sus palabras. Por fin, aquel hombre inició el tema que le interesaba.

- Juanjo, Fidel me ha contado tus dolores de cabeza, no me extraña que estés tan mal contigo mismo y los tuyos. Tranquilo, que la vergüenza no baje tu mirada, Fidel quiere ayudarte y por eso ha hablado conmigo, te aprecia, tienes un buen amigo. Es increíble que ese funcionario, mejor fuera llamarle tirano, haya cerrado el bar de tu hermana. Espero que no te ofendas si escuchas una pregunta personal ¿has llamado para volver a trapichear con cuatro alunados del barrio?

- Sí, es lo único que tengo.

- No, es lo que único que quieres tener, prefiero que mi sinceridad te azote antes que sigas caminado por el barro de la mentira y llegue un día que te ahogues de tan profundo que has caído. ¿Tu mujer no ha aceptado?

- No, pero me da igual, estoy dispuesto a todo.

- Ya –Sebastián desvió su mirada un segundo donde estaba Fidel, el segundo continuó callado y dejo hablar al primero-. Las mujeres son muy testarudas ¿verdad? Tienen una mentalidad protectora y maternal que puede llegar a estrangular a sus seres queridos creyendo que lo hacen por su bien, lo comprendo perfectamente, yo mismo me he casado tres veces hasta encontrar la mujer que me ha aceptado tal como soy, mejor dicho, más practica como un hombre y amante del dinero como yo. Tu esposa, como mis dos exs, no comprende que existe la libertad personal, que tú no amenazas con una pistola a tus clientes para comprar tu producto, porque Juanjo, tu vendes un producto como un vendedor de seguros, los dos engañáis, tú vendes un placer efímero, el otro estafa a su cliente con la calidad de su servicio, o peor todavía, piensa en toda las drogas autorizadas por el Estado que compramos en las farmacias, vivimos en una sociedad vallada por una única forma de vivir, y claro, en este tipo de sociedad existe una doble moral en sus súbditos, porque somos únicamente súbditos del poder, nos maquillan como ciudadanos pero todo es mentira, gobiernan los mismos tiranos de hace cuarenta años, es la idea del fuerte y del débil, ellos son los fuertes y nosotros los débiles…

- O fíjate como el tabaco está legalizado y sacan mucho dinero por ello, cuando la nicotina que contiene el cigarrillo engancha más que lo que tú vendes –Fidel interrumpió a Sebastián, calló al instante al ver su mirada.

- En fin… -Sebastián centró sus ojos de nuevo en Juanjo, sonrió forzosamente ya que se había perdido en el camino del discurso-. Yo era un funcionario, trabajaba en el ayuntamiento de Barcelona, no importa de que, me harté de ver cuantas personas entraban por amiguismo o clientelismo, individuos menos preparados que yo ejercían puestos de responsabilidad importantes, eran salvados por mi profesionalidad aunque no cobraba como ellos, aprendí que en nuestra España no se sube por competente, hay que tener otras calidades –Bebió el daiquiri, Fidel lo imitó, Juanjo se quedó inmóvil escuchando a ese hombre-. ¿No bebes? Está bien, como te decía, tenía contacto con la policía por mi tipo de trabajo, allí conocí un hombre que me liberó de mis prejuicios, te lo resumiré para que no te aburras, me enseñó un camino para ganar dinero directamente, por qué matarme a trabajar por cuatro duros, el mundo de la cocaína era mucho más productivo, no te hablo únicamente del polvo blanco, vendemos de todo: heroína, pastillas, costo, pope… todo lo que exista o se invente en nuestros laboratorios. No me mires con esa cara ¿piensas que soy cruel? Se puede decir que en esta empresa soy el gerente, la mano derecha del único accionista, y me va muy bien, tengo una vida holgada, lógicamente ya no trabajo en el ayuntamiento, tengo mis contactos, siempre es importante, por eso estoy donde estoy.

- Sebastián, por una parte opino como tú, vengo del mundo de la construcción, he trabajado duro muchos años, me he peleado con niñatos que tenían la carrera de algo y no tenían ni puta idea, tan sólo pensaban en gastar poco dinero en la obra para embolsarse así más ganancias, mi mundo era más peliagudo que el tuyo, más rudo, da igual, pienso que eso no justifica tu actitud, simplemente eres un capitalista más ávido de dinero que ha construido un océano de excusas –Juanjo bebió largamente por primera vez.

- ¡Juanjo! –Gritó Fidel muerto de miedo –Nadie habla así a Sebastián.
- No Fidel, tranquilo, tu amigo tiene más valor que tú. Me habías dado a entender que era un esclavo de su mujer, amigo, la ignorancia curva para abajo tus dotes de psicoanalista. Juanjo, ¿crees que tienes principios?

- Los principios nacen en la época de bonanza y mueren en el período de crisis, la verdad es que estoy cansado de todo, de pensar si hago bien o mal, de decepcionar a mi mujer, claro que me importa su opinión, faltaría menos vivir como un soltero sin tenerla en cuenta. Me moriría de vergüenza si se enterasen mis padres, ellos me enseñaron unos modales, ya no digo nada si mis hijos tienen que vivir con esa vergüenza.

- Juanjo, Juanjo –Sebastián acedó su tono de voz -. Te enseñaron el estoicismo, aguantas, te resignas, sucumbes, te dejas pisar ¿eso es ser bueno? A decir verdad, así actúa la mayoría de la sociedad.

- Si actuar bondadosamente es ser tonto, entonces yo he sido tonto durante muchos años, aunque ahora que conozco los dos caminos, ahora que puedo elegir, si ellos son libres para comprar mierda, yo soy libre para hacer el bien, según tú opinas que eso es de idiotas, yo creo todo lo contrario, tiene mucho mérito que haya gente que elija la honradez aún siendo conscientes que así llegarán al vacío material, el mundo lo domináis los fuertes, sí, es cierto, tenéis muchos perros interesados como Fidel que os sigue el juego, pero en el mundo somos muchas personas, también son unos cuantos los que actúan honradamente, los que les motiva más el flujo personal que el simple dinero que te robarán en cualquier momento, que mundo el tuyo que se autodestruye, que no puedes confiar en nadie, de tanto cubrir tu espalda no puedes presenciar una simple salida del sol, una luna llena, disfrutar un picnic con los tuyos o ver una película con tu mujer. Considero que no eres tonto y lo sabes, por tanto, creo que eres una persona autodestructiva, caerás tarde o pronto por tu estilo de vida pero igualmente lo prefieres, algo que no entiendo.

- ¡Juanjo! ¡Cómo puedes hablar así! –Fidel estaba indignado, jamás Juanjo le había escupido así.

- Fidel, no te metas, es una conversación interesante. Juanjo, no me da miedo ir a la cárcel, he sido libre hasta ahora. Cuando te he argumentado las “excusas de océano” no eran mis medicamentos que sirven para que duerma mejor, los he comentado para ti, pensaba que eras un alma azotada por la cobardía, no creía estar ante una persona con dolores éticos. Yo soy consciente de que hago el mal y no me arrepiento, puedo vivir sabiendo que soy malo, es más, siento placer cuando estoy en mi yate o viajo al mejor hotel de la ciudad que visito, en ningún momento pienso en esos desgraciados que quieren morirse, ellos sí que son autodestructivos y no tienen el valor de que una cuchilla les quite de este mundo. Fui un estudiante excelente, he sido amante de la cultura y aún la amo, fui un buen trabajador hasta que me harté de ver como la mediocridad zanjaba mi carrera profesional, ellos hacían un acto pícaro típico de nuestro carácter español ¿por qué un hombre con calidades como yo tendría que estar debajo de unos mediocres sin conciencia? Si yo fuese como ellos, ascendería a lo más alto y así ha sido. Ellos en ningún momento pensaban que estaban haciendo algo malo por estar introducidos en una especie de clientelismo. Yo estoy solo, es verdad, no me fío de los que dicen ser mis amigos ni siquiera de mi esposa, tengo tres hijos, de momento no han hecho nada merecedor para que mal piense de ellos, aunque aún así no me importaría que fuesen mis hijos los que me destronasen, sería el hecho de que han aprendido bien la lección, estaría orgulloso de mi sangre, son mis hijos al fin y al cabo. Sé que alguien como tú no me entiende, tú crees en muchas creencias, herramientas que utilizamos los fuertes para controlar a los débiles. ¿Has leído el Nuevo Testamento? ¿No? Hay dos evangelios, Mateo y Lucas, que escribieron la parábola del árbol y sus frutas. El árbol bueno no puede dar frutos malos y el árbol malo no puede dar frutos bueno… bueno, te lo voy a resumir, a los hombres se les conoce por sus acciones y no por las palabras hermosas de las cuales te quieres santificar. Entonces yo me pregunto cómo puede ser que tú seas bueno y vendas cocaína, cuando te mueras tendrán que escribir un libro sobre tu vida, qué te parece este título: Hagiografía de un criminal.

- No entiendo del todo tu ironía, en mi vida había escuchado la primera palabra, me da igual, he perdido mi sentido del humor. En ningún momento he dicho que sea bueno, he comentado sobre la actuación del bien, en mi vida he aprendido poco, pero observando a la gente he comprendido que no existen los buenos ni los malos, en nosotros desde que nacemos existe el bien y el mal, por eso te he dicho que soy libre para elegir uno o el otro, antes no lo era porque no conocía el mal, por fin entiendo esas clases de religión que estudiaba cuando era pequeño, por fin entiendo el significado moral de redimirse, de perdonarse, una vez conciente del poder del mal y vencerlo uno es libre. Aunque hablo de ideas que tengo en la cabeza, no soy lo suficiente valiente para llevarlas a la práctica.
- ¿Así que no te consideras libre?

- No, no lo soy. Me he dejado vencer por las circunstancias, han sido más fuertes que yo, no tengo excusas ni me he perdonado. Por eso estoy aquí, pienso únicamente en mi familia, que no sufran inútilmente, pienso que es bueno sacrificar mi libertad por mi familia, espero no sacrificar también su libertad por mi culpa, que no carguen con mi crimen.

- ¿Tú crees en Dios?

- No, el resto de mi familia sí… –a Juanjo le sorprendió hablar extensamente sobre estos temas y en concreto la nueva pregunta de Sebastián- ¿Por qué?

- Tienes las típicas y simples contradicciones de una persona educada en el catolicismo. El cristianismo os enseñó a obedecer, a resistir pacíficamente ante la autoridad, a perder pasivamente, a morir sin luchar pensando en el regalo de la vida eterna, eso os hace personas mediocres. A ti te gusta pensar que ahora podrías ser libre, que elegirías al bien pero no puedes para que tu familia no le falte de nada, mientes, mientes como todos, te atrae el dinero, entiendo que no quieres olfatear tus contradicciones.

- Yo no me considero un perro, una cosa es cierta, estoy hecho un lío, aunque estoy aquí ¿no? Quizás eres tú que no ves ni escuchas todas esas personas que hacen el bien, él es humilde y nunca busca el protagonismo.

- ¿Entonces por qué vienes a mí?

- Porque no soy libre, porque no soy valiente, porque busco la solución rápida para los míos pero no sé si será para mí, porque el bien es lento y no me sobra a mí –Juanjo acabó su daiquiri, Sebastián también y Fidel imitó cuando vio como el segundo bebía.

- Juanjo, eres más valiente de lo que crees, otros se hubiesen hundido con su familia, o peor aún, se hubiesen fugado como tu cuñado. Quizás vas a redimirte y así liberar a tu familia si aceptas mi propuesta. Eres más valiente que Fidel por aceptar tu miseria y tu cobardía, él sí que es un perro, tú no, nos has querido lamer mis gracias en ningún momento y darme la razón en todo –Fidel se sorprendió pero calló y no replicó como en el ataque de Juanjo-. Entonces, dime sí o no, antes de escuchar nada, si no me voy y santas pascuas.

- Acepto…

- Bien, escucha bien. Esta noche llega un cargamento al puerto, contiene muchos kilos de cocaína escondida en sacos de café, pensarás que así la policía te descubrirá, ese es el objetivo, que te detengan, es un barco con una carga menor, horas después vendrá un nuevo contenedor con una mercancía mucho mayor. Si trabajas correctamente, te aseguro que nunca más sufrirás tú y tu familia. Ganaremos mucho dinero si el plan que he ideado se plasma en la practica, olvídate del cierre del bar y de la multa, verdad que te he comentado que aún tengo contactos en el ayuntamiento de Barcelona, pues mis tentáculos llegan hasta otras instituciones como la Seguridad Social, ahí está trabajando tu amigo, no habrá problema. Además, el dinero que te embolsarás por ese importante trabajo te será ingresado mensualmente a tu mujer, le haremos un contrato en una de mis empresas fantasmas de las cuales blanqueo el dinero, hasta que tú salgas de las cárcel, por tu trabajo cobrará mil euros al mes. Tu mujer trabajará en una de mis empresas que te he comentado, no estará metida en este negocio, Fidel hablará con ella y se lo explicará todo, tú mejor que ya no la veas, te quedarás aquí hasta la hora del trabajo, tengo un bazar en el barrio de la Rivera de Barcelona, puede trabajar ahí, da igual que venda o no, lógicamente cobrará un sueldo a parte de tus honorarios, será de ochocientos euros, no está nada mal, en total mil ochocientos euros, eso sí, sólo cotiza los ochocientos euros por trabajar en el bazar, el resto es en negro, ya le enseñaremos para que no le pillen in fraganti. Con todo ese dinero podréis ir pagando vuestras deudas y tu hermano podrá volver de Alemania. No hables, sé que dudas tienes. Te pagaremos un abogado, él te dirá que tienes que decir, estarás en la cárcel entres tres o cuatro años, no te preocupes por la ley o condenas de estos crímenes, yo te aseguro que no estarás más, y nadie te tocará, serás mi protegido ahí dentro. Saldrás a las nueves de la noche, te buscará un hombre que se llama Alfredo, él hará tu mismo trabajo, iréis al puerto, cargaréis la mercancía en un camión, vendrá la policía cuando estéis trabajando y os detendrán, es la manera que ellos y nosotros quedemos bien, un trato en que ganamos todos. Si alguien como yo ha venido hasta aquí es porque es un trabajo importante, una inversión con un capital enorme, es la primera y última vez que vengo a este bar. No te faltará de nada, Juanjo, cuando salgas de la cárcel serás bueno, no contarás a nadie la realidad porque entonces si que sufrirás unos actos malvados, normalmente en estos casos estarías obligado a seguir, tú tendrás la opción de esclavizarte si te exilias o vivir dignamente si trabajas para nosotros, piensa que el dinero que ganarás los próximos años se acabará algún día.

El camarero abrió el bar una vez se fue Sebastián, Juanjo ni fue consciente cuando le apretó la mano y se despidió de él, estaba aturdido, reflexionaba dando vueltas sus opiniones con lo cual se encontraba mareado. “¿Qué he hecho? Aún no me lo puedo creer ¡he sido un imbécil! ¿Todo ha sido una casualidad? No lo creo, ya decía yo que era extraño… y yo que confiaba en Fidel, maldito perro, sabía que había que tener cuidado con él, sin embargo, me ha hecho una cabronada que no tiene nombre, llamar a Sebastián, planearlo todo y engatusarme en esta mierda. ¡Qué razón tenía Montse! Me advirtió que Fidel no era trigo limpio, siempre ha tenido buen ojo con la gente, no le hice caso, quería conseguir dinero a toda costa y al final pagaré un precio caro, creí que Fidel no me engañaría por nuestra vieja amistad del instituto, a él le da igual todo, yo en parte lo sabía, en parte me deje engañar por mí mismo, por la avaricia del dinero no quise ver como puteó a su propio madre. Montse no me perdonará, salvaré a nuestra familia de las deudas aunque habrá que ver si no se divorcia de mí por esta acción, no le desmentiré su motivo ¿es responsable lo que hago? Me he cegado por la amenaza de Montse, me he precipitado, ahora que estoy más calmado sé que no lo hubiese hecho, ahora recuerdo como es mi mujer, jamás me haría algo así a mí a y a los niños, la desesperación y mi falta de control me han hecho creer en sus palabras, necesitaba un argumento para volver”. Fidel molestó a Juanjo, le invitó a una cerveza, el segundo no respondió y continuó con sus temores. “Espero que Sebastián cumpla con su palabra, ya había escuchado que habían personas que se ganaban así la vida, jamás creí que yo fuera uno de ellos, tiene que ser verdad lo del dinero, el trabajo y la apertura del bar de Carmen, si me engañase a mi correría la voz, nadie más aceptaría estos tipos de trabajo ¿se lo puede llamar trabajo? ¿Cuánto tiempo voy a estar sin ver a mis hijos? Ahora, cuando más me necesitan, ahora entiendo a Montse, lo importante era que estábamos juntos, nada más, escucho y veo ahora que tiemblo ante el futuro castigo que se me impondrá, es un castigo justo, por ser imbécil, por no saber seleccionar mis amistades, por remunerar mi vida con la especulación ¿soy malo? No lo creo, tampoco bueno, lo que está claro es que no he actuado responsablemente, la libertad hablaba el tipejo de Sebastián, uno es libre cuando está sereno y se controla a sí mismo, no cuando la droga te esclaviza, cuando la única idea es esnifar, cuando no importa lo demás ni los demás, la libertad es una responsabilidad y la responsabilidad provoca miedo, yo he estado muy asustado y por no coger al toro por los cuernos me veo en esta situación. Me justificaba creyéndome que estaba obligado a trapichear, que no tenía alternativa, aunque ha sido una decisión mía, he sido libre y me he dejado engañar, nadie me ha estafado. Hubiese sido más valiente haberme ido con Quique a Alemania, hubiésemos sufrido sin duda alguna, los principios hubiesen sido más duros que los de mi elección pero según hubiese pasado el tiempo hubiese nacido una dulce satisfacción de actuar lo mejor posible, no como ahora que por ganar más dinero me siento igual que un muerto. Los dos juntos hubiésemos tenido más posibilidades que el solo, preferí no irme con Quique para estar cerca de mis hijos, cuantas mentiras más me he envasado ¿qué separación es peor? Sebastián tenía razón, todos mentimos, tipejos como ellos trabajando en bancos me hicieron creer en poder comprar un piso, un coche, irnos de viaje… en fin, nadie me obligo, decir que yo no tengo la culpa es otra mentira, en aquella época me engañé a mi mismo, me deje engañar, como con Toni, no responsabilizarme de mis actos es no asumir mi personalidad, mi yo, mi libertad, quizás sea verdad que solo seamos súbditos pero hasta los súbditos protagonizan rebeliones, somos súbditos cuando actuamos como borregos obedeciendo al poder banquero y político, no todo el mundo es así, hay personas que me avisaron que la subida de los pisos era desproporcionada, yo y la mayoría les veíamos como gente extravagante que no sabía de que hablaban ¿a caso nos mentiría el director de mi oficina del barrio o el gobierno? La inocencia, la ignorancia, el pasotismo nos convierten en súbditos, aunque también hay ciudadanos que luchan por sus derechos, siempre es una minoría y estoy convencido que es una minoría que me hubiese ayudado, si me alejé de ellos es porque estos grupos acaban erosionando en mafias como los sindicatos, no descarto que sea un prejuicio, simplemente son las malas experiencias de la vida lo que me ha hecho no confiar en ellos, aún recuerdo que voté al Partido Popular en las elecciones generales del dos mil once creyendo que me sacarían del paro, que arrepentido que estoy, que importante es estar informado, en cambio, he sido tan imbécil de confiar en Fidel, creí que era una persona y no una institución, me pasó por alto que las instituciones las dirigen personas como él. Cierto es que pienso únicamente en mi caso, cuantas personas hay que no han podido contra toda esta vorágine por estar enfermos o ancianos que nunca han podido estudiar, ellos tampoco han sido libres porque nunca han tenido varias puertas como yo para abrir, solamente una ¿qué puede hacer una persona o una familia para evitar que un maremoto no los ahogue? Supongo que aquí empieza otra vez el fracaso del equilibrio entre la libertad individual y la de un colectivo, la organización colectiva de varias personas libres acaba por obedecer a un líder, pero la libertad de una persona únicamente es real si todos somos libres. Y el puto Sebastián preguntando si creo en Dios ¡a qué venía ese cuento! No sé si existe, el papá y la mamá son creyentes, Carmen también, sí que me gusta la idea del perdón de la religión, de seguir en la vida amando a uno mismo y a los demás, de ayudarles. El resto no me motiva, somos nosotros que hemos creado a Dios a nuestra imagen y no al revés. La parábola del árbol, tendría que haberle respondido que él me hablaba como un amigo cuando me acabará jodiendo, entonces creo que es él el hipócrita que iba de humilde y que sus acciones son repugnantes, al principio me ha comentado que era un súbdito como yo, otro falso profeta que me ha prometido la salvación de mi familia, acaso no me está enrejando a mí y entonces también a mi familia emocionalmente”. Fidel volvió a molestar a Juanjo, está era porque le cocinó una tortilla de patatas con una guarnición de pan con tomate, Juanjo estaba por lo suyo. “¿Cómo sabrá Sebastián que su operación habrá acabado con éxito? No me ha comentado nada, me imagino que tendrá uno o varios policías comprados, vaya, como en las películas. No ha comentado nada respecto a la tripulación del barco, seguramente que no saben nada, caerán en las garras de ese desgraciado. Ha habido un momento en que le escuchaba y por dentro cambiaba diez veces de opinión en un segundo, primero pensaba en negarme a pesar de mi anterior afirmación, luego he creído que tres o cuatro años pasarían rápidos, he recordado que meses atrás leí un artículo en un periódico, habían condenado a un empresario a siete años de prisión por traficar con quinientos kilos, cierto es que ese hombre no era un parado como yo, no pasa nada me comentaba a mí mismo, tendría buenos abogados y nadie me tocaría en la cárcel. Aunque al final del segundo no me podía engañar, no por eso pasarían rápidos los cuatro o incluso tres años, ahora entiendo que es mucho tiempo, mis hijos crecerán sin mi, se acostumbrarán sin mi persona, cuando vuelva a su vida ya no me necesitarán. ¿Y luego qué? Estoy seguro que Sebastián mentía, no me dejará marcharme de rositas, tal vez lo ha comentado para que me tranquilice esta noche. No puedo ni despedirme de mi familia, eso no sucede ni en el cine, ni eso tengo. Mis última palabras con Montse han sido tan duras, con mis niños tampoco he sido especialmente cariñoso, no hago nada a derechas. Espero que no les pase nada a papá y mamá, que Carmen no se sienta culpable, que Quique al volver no cometa la locura de ir al bar de Fidel a justar cuentas, tiene un pronto muy malo, no sé cómo reaccionará, igualmente está gente es peligrosa, seguro que sabrá que es un suicidio portarse así. Pero acaso lo mío no es un suicido, no merezco que Montse me espere todos estos años, merece ella ser feliz, merece conocer a alguien mejor que yo, merecen los niños tener un mejor padre, sin duda, ese será mi peor castigo, soy consciente de ello y me lo merezco, o quizás estoy siendo aún egoísta, pensar así me tranquiliza, he solucionado el dolor económico aunque provocaré otro sufrimiento de dimensiones mayores. Mi intención era destruirme para salvar a mi familia, estaba dispuesto, pero tengo la sensación de haber destruido a mi familia entera, la salvación material ha sido nuestra condena mayor, nuestra separación y rotura total. Muchas veces había criticado a las personas que se habían suicidado antes de ser desahuciadas, dejando a huérfanos y viudas, pues yo he hecho lo mismo, pensaba que actuaba mejor que ellos por vender coca, por actuar a toda costa por el bien de mi familia, me equivoqué, yo he sido peor, porque a partir de ya soy un muerto-vivo, a partir de ahora aguantarme a mí mismo será una crucifixión ¿podré perdonarme algún día? Sería como resucitar ¿me podrán perdonar?.

Los pensamientos fueron rotos por el saludo de Alfredo, éste parecía un hombre tranquilo, estar curtido por noches duras como la que tenía que sufrir Juanjo, él era un atajo de nervios, no había probado comida y poco había bebido. “Vaya última cena” ironizó para sí mismo mientras se iba del bar sin despedirse de Fidel. El viento suave que erizaba la piel de Juanjo no consiguió tranquilizarle, la calle invernal era una huérfana que estaba libre de la algazara veraniega, no era una dura noche de invierno pero igualmente se estaba mejor en casa y más siendo un lunes, sólo un loco saldría a relucir gemidos de cañas frías. Fue una noche que empujó a Juanjo a un precipicio sin respuestas, aunque fue él quien saltó del precipicio a la duna.

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