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CUENTOS Y RELATOS

 

LOS OMBLIGOS

Son gente con estilo propio y carnavalesco. ¿Son gente? No sé, parecen sólo ombligos martillando las astucias, anunciando carnavales individuales con sonrisas suspicaces, con ojos apuntando siempre hacia abajo y sin párpados, porque jamás descansan la mirada entre las lágrimas, porque no quieren lágrimas.
Por ejemplo, al nacer un ombliguito es costumbre y deber de sus progenitores borrarle los párpados con goma para lápiz, y dibujarle la sonrisa característica de su especie con un fibrón rojo carmín indeleble.
Un día normal en la “vida” del ombligo medio es muy sencillo de describir: temprano salta del somier hacia la ducha para arrancarse las pelusas culpoides; desayuna alrededor de las 7.31 a.m. dos tostadas sin tostar untadas con espinaca y un café descafeinado con tres gotas de edulcorante y tres cucharaditas de sal fina; lee atentamente la sección económica del diario más envenenado; mira su reloj siempre a las 7.46 a.m. y sale disparado a hacia la calle; olvida saludar a su cónyuge. El resto de su día y gran parte de la noche transcurren con una sola meta: cómo sacarle a la ventaja dos o tres cabezas de victoria.
Es probable encontrarlos en las esquinas de la calle Florida pregonando “compro oro”; en las facultades de derecho; en el Congreso; en hoteles lujosos disfrutando de algún banquete empresarial con el ruido del champán galopando hacia la codicia. Están en todos lados excepto en los cementerios: los ombligos nunca mueren, sólo se trasforman.
Relatos de © Yanina Adriana Giglio,para la revista mis Repoelas:

Tiempo de reverberación ~ : ~ El sentido de la adhesión

Ser ~ : ~ Tómbolo ~ : ~ Hilacha ~ : ~ Descuido ~ : ~ Los ombligos

La felicidad, las tristezas, el asombro en el ombligo

Luchador máximo


Página publicada por: José Antonio Hervás