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        María Isabel M. Gilaranz

CUENTOS Y RELATOS

 

DONDE SE ENTIERRA EL OLVIDO
CAPITULO 1

Días atrás, en Orusco de Tajuña (Madrid).
Es domingo, cerca de las 12, la iglesia se prepara para celebrar una misa especial, son las fiestas del pueblo.Los habitantes se engalanan, como las calles, y los monumentos.
Rosa se levantó temprano, no quería desaprovechar el día, después de lavarse, y tomar un desayuno breve, se fue a la plaza donde se había citado con Mario.
Llegó temprano, poco antes de la hora acordada, Mario en cambio llegó más tarde, no importó el aire de la mañana era ensoñador.

— Rosa, buenos días, perdona el retraso.
— Mario, eres tan impuntual.
— Vamos a dar un paseo, es pronto para ir a misa.
— Muy bien, respondió Mario.
Fueron paseando hasta la alameda, Mario se adelantó para buscar unas bebidas y Rosa, mientras esperaba encontro enterrada una astilla, Rosa la guardó sin decirle nada a Mario, pensaba que si compartía ese tesoro lo perderia y correria peligro, era un juego.
— Perdona había bastante gente en el bar . Explicó Mario.
— No importa, el aire me hace bien a la cara Contestó sonriente Rosa.
Cuando terminaron de beber los refrescos, Mario cogió del brazo a Rosa, con cuidado, acariciando su mano, y fueron a la iglesia.
A la mañana siguiente, Rosa fue a ver a Guilian, se levantó pronto, atravesó la calle pensando que si era casualidad o alguien la escondió pensando en volver por ella. Era muy raro, lo que si tenía claro es que no iba a compartir su tesoro con nadie, excepto con Guilian, un viejo anticuario que se fue de Madrid al acabar la guerra civil, para vivir más tranquilamente en Orusco.
Rosa estaba ansiosa por llegar a la tienda, corrio por la calle tropezándose con la gente, y al llegar fatigada, se sentó sin siquiera saludar.
— Pequeña que te pasa?
— Hola Guilian, buenos días.
— Rosa Por qué corres?estás acalorada ¿Pasa algo en casa?
— Cierra la puerta, es algo importante, es mejor que nadie nos oiga.
— Que imaginativa eres Haber que me tienes que contar?
— Es una astilla.
— Ah, ya veo, es un juego.
— La encontré ayer en la alameda, estaba enterrada.
— Sería de un animal, estaría jugando con ella, se cansó y la enterró.
— Quiero que la analices.
Guilian se rió de la idea, pero no quería desairar a Rosa Conocía a su familia desde hace muchos años, cuando Rosa nació ya estaba asentado en Orusco.
— Está bien, la analizaré, pero hoy no puedo, cuando sepa algo te llamaré
— No, prefiero pasarme a verte cuando me digas.
— Está bien, vuelve a final de semana.
Los días no avanzaban, las horas parecían muertas, Rosa ansiaba ese viernes... Y el viernes llegó.
Al llegar a la tienda, Guilian tenía en la mano la astilla, estaba serio, Rosa no le saludó tenía la vista fijada en el pedazo de madera.
— Es un trozo de la Cruz de Cristo.
— Cómo? Dijo Rosa.
— Lo que me has oído.
— Me gastas una broma?
— Me temo que no.
— Cómo lo has averiguado?
— Haciendole pruebas Al principio pensé A cada momento me pareció que seguirte el juego era volver a la infancia, y me puse a analizarla.
Ambos no creían lo que estaban viendo, cómo podía haber llegado hasta alli un pedazo de la Cruz de Cristo.
— Yo, la vendería en el mercado negro sacarías mucho dinero por ella, te daría un certificado para demostrar su autenticidad.
— No sé, me da miedo.
— Qué vas a hacer con ella?, preguntó Guilian.
— No lo se Venderla y hacerme rica.
Enseguida se corrió la voz en el pueblo que una vecina tenía en su casa parte de la Cruz de Cristo y a los pocos días Rosa recibió un anónimo que decía:

    "¡DEJA LAS COSAS COMO ESTÁN!
    DEJA ENTERRADO EL OLVIDO
    "
Rosa estaba atemorizada, iba a la tienda de antiguedades, pensó que Guilian había traicionado su amistad, le llamó para que supiera lo del anónimo.
De repente se oyó un zumbido que recorrió toda la casa, fué una explosión que destruyó la cocina, entonces se dieron cuenta que los que amenazan, cumplen lo que dicen. Rosa y Guilian salieron corriendo con la astilla entre sus manos, ahora no les cabían la duda que era muy valiosa, tanto que podrián pagar con su vida poseer aquel objeto.
Mario era amigo de Rosa, y luego lo fue de Guilian. Nunca se reprochaban nada, valía mas la amistad entre ellos Rosa le contó a su amigo lo que había pasado, estaba asustada, no sabía qué hacer, estaba siendo amenzada Sabía que no fue enterrada por casualidad, alguien huía y allí quedó a la espera de ser recogida. La nota amenzanante era sin duda, del dueño de la astilla.
Mario le dió cobijo esa noche, Rosa no podía volver a casa en un tiempo estaba siendo perseguida y necesitaba esconderse.
— A Guilian le han destrozado la cocina.
— Donde va a dormir?
— En casa de su madre, está mayor pero no tiene otro sitio.
— Rosa, teneis que dejar el tema de la astilla, no vais a tener tanta suerte la próxima vez, quizás esta vez, no han querido mataros para advertiros que van en serio, pero si vuelve, os matarán.
— Mira, alguien la robó lo que no sabemos es ni quièn, ni cómo ha llegado a este pueblo ¿de dónde salió?¿De el Vaticano? Alguien descubrió que robándola, se haría rico y no se lo pensó.

¿Qué te parece mi teoria?
— Descabellada, pero puedo investigar, si me prometes que tendreis cuidado.
— Prometido, gracias Mario.
— De nada cariño, dijo besándole la frente.

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