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La sumisión preñada, poema de Eufrasio Navarro

SENTIR LA VERDAD DEL VERSO


Legalidad, ahora añoranza
legitimidad, el pueblo
traición, rebelión y mordaza
ilusión, lucha obrera hasta el cuello.

Obreros, médicos, artesanos, ingenieros
campesinos, albañiles, fontaneros
y todos, en su contexto,
siendo el capital, cruel y severo
hasta la locura herida, mi piel, mi cuero.

Justicieros cavernícolas traicioneros
de las inocencias, de quienes se creen artistas
en las madrugadas de los autónomos autistas,
pequeños empresarios con síndrome del credo.

Fondean las sucias aguas del dinero
depositado en el rico avariento
el que nos mata con el subvenir perverso
de las noches alegres, que amamantan
la violencia y el desatino de enseñar sus panzas.

Pobre pueblo, lastima de versos, que se obvian
por el conjuro de la incultura
siempre de los que mandan, sinvergüenzas,
asquerosos, mangantes, aunque presuntos,
eso dicen, las leyes que censuran
el hambre del pueblo por la dictadura
de nuestra falsa democracia.

Poderes intocables,
jueces, fiscales de vacaciones en las colinas
para ver la justicia desde arriba,
coloreadas las profesiones, que animan
a edificar palacios con puertas traseras que vibran
por la felicidad de los que escapan
presuntamente de la justicia.

Miguel Hernández
¡Cuánta verdad en el yuntero y en las cabras!

 
 


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