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La sumisión preñada, poema de Eufrasio Navarro

LA SUMISIÓN PREÑADA


Campesinas labran con sus uñas la tierra
y levantan los gusanos de miel en amibar
para sus estómagos desolados con la guerra
en pánicos sonidos de tripas.

En la falsa paz de los borrachos capitalistas
sin escrúpulos en su homilía de la vida
segando de raíz los pies desde el suelo bajo
y aumentar, la miseria con el barato trabajo.

Campesinos/as sin campo, campesinos/as sin lucha
adverbios del estado con el poder clasificado
engordan su volumen en las huchas
por los pobres campesinos/as amansados.

Muerte, vida, muerte, vida, muerte
como las hojas en otoño en el campo
regado para arroyos también cansados,
que no esperan nada, ni la suerte.

Perezosos de la nada, campesinas/os, adiestradas/os
evocadores del miedo y sin alma clara
al ver a sus compañeros/as, arrastradas/os
con el poder del omnipotente llamado amo/a.

La tierra huele a cieno, con putrefactos adinerados
y la bendición del clero, con figuras engalanadas
en sus pechos y, sombreros soberbios color grana,
vestidos de grandes colas y caras de enfadados.

Al no conseguir, los rezos del pueblo
para sus sabanas, truhanes de ilusionadas
de la clase media alta, sus cielos
amancilladas, arrodilladas, esperando su jornada.

 
 


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