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Manuel de los Reyes Díaz
 
poema de Manuel de los Reyes Díaz

MICRO DEL LIBRO




La vida con menos es más


Mal ajeno consuelo de tontos.
No supiste ver la sana ambición que llevaba tras de sí aquél inocente café, acompañado por una dulce testosterona, que no lograste saborear. Te lo bebiste a pecho, yo pensaba que te ardería hasta el alma. Saliste corriendo al baño y yo, sonreía, confiado en mi poderío sexual. Desde dentro me gritas: - Me cagó en tus muertos, Manuel, ¿qué le has puesto al café, que me he cagado toda?
Me dejaste mascando una sonrisa seca y frustrada, mientras pensaba: " joder qué cosa más romántica"; por lo menos conseguí que te bajarás las bragas.

 

Tanto que decir y tan poco que contar

Afianzando la relación.
La joven aireó su estómago en el lecho conyugal, el estruendo fue tan grande que, la onda expansiva, hizo temblar las puertas del armario.
El joven, boquiabierto, pero con la boca cerrada por si acaso, la miraba estupefacto. Ella le sonrió y le dijo: - ¿Ya no me quieres?- Él le respondió: - Ahora más, que sé de lo que eres capaz-

La vida con menos es más...

Vale más tarde que nunca.
Por más que nos esforzáramos en no hacer ruido alguno, no había manera humana; el crepitar de las hojas secas bajo nuestros pies, era atronador. A veces, sin moverse ni una pizca de aire; nos rebasaba una fuerte ráfaga de viento, fría como la muerte, otras, chirriaban unas bisagras haciendo un ruido tremendo y terrorífico, que cualquiera diría que las estaban matando y, sin venir a que; nos invadía un fuerte olor a azufre que nos hacía pensar a todos que se habían abierto las puertas del infierno. El día que decidí cambiar de aires fue, después de llevar más de tres años que nos iba siguiendo un tenebroso y macabro ruido de cadenas, ninguno fue capaz de mirar para atrás, no sé si porque teníamos una máxima: "mirar para atrás ya no te valdrá de nada" o, simplemente, por no tener el valor de hacerlo. Además, yo; no tendría que ir con aquel grupo, si llegué allí fue por curiosidad; mi madre siempre me decía que era demasiado curioso y que la curiosidad mató al gato, y es verdad que esa aptitud me hizo perder la vida, ahora bien; no la dejaría que me atormentara en la eternidad, creí conveniente que ya era hora de cambiar y me uní a un grupo que se hacía llamar La Santa Compaña.

La vida con menos es más

"El que esté libre de pecado; que tire la primera piedra".
Las calles, bares y tertulia del país, quedaron desiertos y este micro; quedó incompleto, por la desaparición del escritor.

Tanto que decir y tampoco para contar

El mercadeo.
Vi caer a tantos y más, los atrapaban en sus redes, mordían sus anzuelos; cuando llegaban los mercachifles vendedores de humo, caían como moscas. El día que me tocó a mí, no sé, si por pasarme de listo o porque me cogieron en horas bajas o porque utilizaban alguna droga extraña, que me hacía perder la voluntad, o quizás; algún tipo de canto de sirena que me idiotizada y me hacían caer víctima del consumismo. Me quedé rumiando mis miserias y con un juego de palillos chinos para zurdos; que a veces usan la diestra, que venía de obsequio con un champú fantástico que prometía librarme de la estupidez.

La vida con menos es más

Cánones de belleza.
Se había adaptado tan bien al ideal de mujer perfecta que consiguió un trabajo en el aula de medicina de la Universidad de Las Palmas; como esqueleto humano.

Tanto que decir y tan poco que contar

La segunda opción, no tiene por qué ser mala.
Campanilla, más que harta de los desdenes de Peter Pan, decidió cambiar de planes. Por la noche entró a hurtadillas en la habitación, se desnudó y se metió en la cama. Él, llegó sin saber nada, se quitó la ropa y entró en la cama. Ella le hizo el amor como jamás hubiera soñado, de madrugada, Campanilla; feliz y satisfecha, se marchó como vino, sin hacer el más mínimo ruido. Por la mañana el Capitán Garfio; creyó que todo fue un mágico sueño.

 

Antología poetica preparada por © Manuel de los Reyes Díaz y cedida amablemente por el autor, para su publicación en la revista mis Repoelas:






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VI


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras