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poema de Noemí Mocco

VENGANZA




El destello de las luces a lo lejos, marcaba el final del viaje. Pensamientos oscuros velaban la mente de Marina, sus manos se crispaban retorciendo sus dedos en un movimiento continuo, haciendo una pausa solo para saber la hora exacta.
Estaba tan inconscientemente despierta que no advirtió al joven que la observaba desde que saliera de la terminal.
En su mente, solo la obsesión reinaba. Únicamente podía concentrarse en una persona, Sofía, quería encontrarla, tenerla frente a frente para poder mirarla a los ojos y poder lograr comprender el porqué de lo sucedido.
Cuando llegó, bajó apresurada, de manera tosca, llevándose todo por delante, equipajes y gente, poseída por un ser interior que la guiaba de manera compulsiva.
Subió a un taxi que la dejó a varias cuadras de la dirección que buscaba, hacía demasiado calor, sin embargo prefirió caminar, no era su intención hacer alarde de su presencia, necesitaba pasar desapercibida en el vecindario.
Caminó despacio, frotando sus manos con movimiento de nerviosismo.
Cuando estuvo frente a la puerta, transpirada y casi sin respiración, intentó reponerse y calmar su ansiedad.
Chequeó la dirección con el papel que llevaba en su bolso, debía estar segura, no podía equivocarse. Tantas horas de viaje para ésto, para saber el porqué de tanta humillación, de tantos meses de engaño, tantas mentiras que ella creyó inocentemente como si fuese una niña, tanto descaro, tanto dolor.
Estaba decidida a todo, no podía errar, le costó mucho llegar hasta aquí y no se iría sin haber hecho justicia, su justicia.
Tocó el timbre dos veces antes de que en la puerta apareciera Sofía.
Al fin estaban frente a frente, no necesitaron palabras, las miradas hablaban claramente.
Marina, dictando sentencia y Sofía, adivinando la condena. Con el impulso que abraza el miedo, Sofía intentó cerrar la puerta, sin embargo, el dedo acusador de Marina apuntó directamente a su cabeza.
Sofía tembló de pánico mojándose en su orín, cubrió su rostro con sus manos en gesto de defensa cerrando fuertemente sus ojos celestes.
El disparo detonó fuerte en el silencio. Luego de unos segundos de parálisis los abrió lentamente para ver el horror.
Marina yacía a sus pies, bañada de lluvia y sangre, la tormenta se había desatado segundos antes, como presagio de la tragedia. Sofía vomitó de espanto, mientras veía correr a lo lejos al chico del tren, aquel que siguió a Marina desde que bajara en la estación para arrebatarle el bolso.
Marina estuvo ciega planeando su venganza, quería cobrarse lo que le robaron. Pensaba que si ella no podía ser feliz, su marido y su amiga infiel tampoco lo serían.
Ironías que tiene la vida, ella fue a vengarse y el destino también de eso la privó.


Selección de textos escogidos de © Noemí Mocco, elegidos amablemente por la autora, para su publicación en la revista mis Repoelas:






Adiós ~ : ~ Otro día de vida ~ : ~ Sumisa ~ : ~ Venganza


Tus ojos me hablan ~ : ~ Esa Gorda ~ : ~ Solo de paso


 


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