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poema de  Carlos Asensio Alonso

AMAR ES CRUEL




I

La prerrogativa real de les amoureux es ceder siempre ante el impulso de las sensaciones primarias. Condescender ante el ímpetu volatilizador, ante el ansia de fundirse con los colores del tiempo.
Hubo una época en que ser amante significaba ser ave nocturna, rapaz del deseo. Hubo un tiempo en que amar suponía perderlo todo, rendirse y dejarse arrastrar a la luna más próxima.
Después, con el paso de los eones, llegó la anarquía sentimental. Hombres y mujeres se mezclaban intra y entre ellos, dando lugar a combinaciones ininteligibles.
Finalmente se generalizó la era del desenfreno: los cuerpos, extasiados, bañados en vodka barato, perfumados con marihuana y espolvoreados por dulcísima cocaína, jugaban a alimentarse mutuamente. Y sus experiencias se alimentaban del olvido.
Ser amante, ser amado, no es cuestión de modas, ni una cuestión racional. Ser queriente o ser querido, al final de todo, es prácticamente lo mismo.
¿Por qué no se diagnostica el amor como enfermedad?
¿Por qué recibimos sus síntomas como maravillas del destino?

II

En contadas ocasiones el cerebro y el corazón se alían para dar la puñalada más poderosa, la realmente mortífera. La que acaba en agonía y sublevación de los sentimientos.
Basta. La poesía no sirve para esto. Nunca lo hizo.
Las palabras, tan necias, tan absurdas, tan preciosas y exquisitas, tan extremas, tan concretas, tan abstractas, nunca llegan a expresar una infinita parte de lo que las entrañas de alguien que ama rezuman.
Hace lustros que las palabras se quedaron cortas. Una mirada vale más que mil explicaciones (siempre fue así).
La serpiente del Nilo hipnotizó con sus ojos de reptil a la presa menos susceptible, el águila romana. Y no lo hizo sólo con discursos vanos llenos de convencimiento, sino con miradas llenas de exotismo y voluptuosidad.
Un único reflejo en los ojos de la otra persona basta. O debería bastar.

III

El cielo y la tierra, la noche y el día, el hambre y la sed, el sol y la luna, juegan a aliarse en jornadas como ésta. A regalar ambrosía a las bocas más profanas. A prometer dulzura en un mundo de amargura y podredumbre.
El sentimiento debería ser suficiente para sobrevivir.
¿Para qué el respirar, si yo te quiero?
¿Para qué el comer, si yo sólo quiero alimentarme de tu boca, de tus desdichas, de tus deseos?
La vida consiste, como una vez se dijo, en tasar la dosis exacta de memoria y de olvido. En soltar lastres, acumular júbilo, liberar al animal oculto y esperar a que éste embista con fiereza a su carcelero.
Y licuarse con las estaciones, de forma perezosa e imparable… hasta dejar de ser.
Hasta desvanecerse en la corriente imperturbable del hado y convertirse en cenizas de un astro menor.


Poemas seleccionados por el escritor © Carlos Asensio Alonso, elegidos por el autor, para su publicación en la revista mis Repoelas:






Amar es cruel


Poema


 


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