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poema de Ángela Serna

SE DORMIRÁN LAS OLAS




I

Se dormirán las olas
y tú vendrás.

Y en el silencio del agua
encontraremos un tiempo
                                   sin espejos
                                      sin dunas
                                         ni metáforas.

Sólo polvo.
Definitivamente escombros:

IV

Sin voz para decirlas, las palabras
se atrincheran en mi boca.

Hay demasiadas piedras en el camino.
¡Y es tan grande la urgencia del habla!

Me duelo porque me duelen.

Me duele su indiferencia
tanto como mi indefensión.

X

He descubierto la grieta
que conduce al fondo de la Tierra.

Fisura en carne viva
                         que embridan
todas las incógnitas:

          los nudos que la estrangulan
          y los hilos que la tensan.

He penetrado en la Tierra
y he sentido el latido
de vuestros pasos, arriba.

Bajo su piel
he reconocido el silencio
y el miedo, la incertidumbre,
los sueños…
verdades contrariadas
por la ausencia de luz.

Un día hablará la Tierra.

El ruido impedirá reconocer
la urgencia de su grito
y seremos devorados.

Un día
rugirá la Tierra
y será demasiado tarde.

XXIII

Cenizas.
Ya no quedan rescoldos
bajo las cenizas.

Pronto
el frío acechará de nuevo.
Migrarán las aves.
Caerán las hojas de los árboles.

Pronto
se vaciarán las calles.

Ni siquiera la escasa luz de las farolas
impedirá que el francotirador
haga diana.

Muy pronto, el asfalto sentirá
la caricia de todas las cenizas
esparcidas este otoño-infierno.

XXIV

Se deslizará tu mano
bajo los pliegues del viento
y colmará su sed de sangre.

Y volveremos a sentir la brisa
y a desnudar la piel.

XXXII

Las piedras se desgastan
igual que las frases
se tornan inconexas.

Piedra y palabra sepultadas
en un mar blanco.

Canto rodado
al oeste de los sueños:

Edades del agua de un río
que fluye solo
                   en la memoria.

XXXV

Sentada a una mesa de mármol
con vistas a la calle, una mano
acude al papel.

El mármol, de un blanco impoluto,
se torna al pronto lápida.

La mano
vierte en ella su epitafio:

aquí pasé la vida
esperando a una palabra.

XXXVII

Una palabra me llevó hasta ti
en el azul silencio de la noche.

Otra me abrió las puertas del mar
ofreciéndome una escala interminable.

Esa palabra se llama sueño.
Pero podría llamarse sombra, o color,
o simplemente aire.

El aire que tus cuadros me ofrecen
cuando ya no puedo respirar.

XLV

Alguien dirá
que me has entregado por fin
tu rebeldía. Y que, las dos,
como sirenas rendidas,
surcamos ya otros mares.

XLVIII

Agotados los silencios te diré adiós.
Alzaré mi mano a modo de despedida
y volaremos libres:

tú, hacia no sé
qué lugar

yo, detrás de otra palabra.

Y vendrá la tormenta.
Y rugirá el viento.
Y la tierra
se abrirá
de par en par.

Algún día.

(Del poemario Definitivamente polvo)


Selección de poemas escogidos de © Ángela Serna, elegidos amablemente por la autora, para su publicación en la revista mis Repoelas:






Intramuros ~ : ~ ¿Quién se hará cargo de mí?


Desde el margen de la voz ~ : ~ Se dormirán las olas


Metamorfosis ~ : ~ Una mujer camina sola


La sombra es alargada ~ : ~ Simulacro


¿Desde dónde hablar? ~ : ~ haikus


Habitaciones junto al mar ~ : ~ Relojes blandos


El grito ~ : ~ Máscaras para no enloquecer


segunda parte ~ : ~ tercera parte


 


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