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NUESTRA QUERIDA LENGUA

Pues como me aburría decidí pensar un rato para poder discutir con alguien a continuación. Gran error. Me enredé en un asunto difícil y lleno de suspicacias: el tema de la lengua y sus connotaciones machistas. Me dieron la cena desde el yerno a los nietos pasando por la asistenta que decidió entrar en el debate a última hora. La cuestión era la de siempre y la cabeza de turco la ministra de igualdad y sus fórmulas mágicas de feminismo barato que nos traen de cabeza. Meter la pata en estas cuestiones es dar más leña a quien controla la hoguera. Los hombres solo necesitan un pequeño margen de error para sentirse ratificados en sus opiniones. Hay que ser precavidas. Hay que ser astutas. La guerrilla funciona con ellos mejor que las batallas campales. Es como cogerles desprevenidos, como desconcertarles. Por ejemplo: hoy digo poeta y mañana poetisa. Y si me preguntan pongo cara de inocente y digo “¿yo dije eso? No, querido, dije Diego”. Y mañana, más. Hoy digo juez, mañana jueza; hoy digo pintor, mañana pintora, hoy digo miembro, mañana me callo y quedo como Dios. Así de fácil. Son como niños y se descontrolan. ¿Para qué guerras? ¿Para qué ponernos medallas o hacernos cruces con nuestra lengua?

Según una nota recibida por internet una ofendida o un ofendido amante de la lengua española nos explica muy clarito el mal uso del femenino en algunos casos y que en castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales y que si el participio activo del verbo atacar es atacante, el de salir es saliente, el de cantar es cantante y el de existir, existente. Cito: “Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del que realiza la acción. De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"…” ¡Toma ya lección magistral! Una pasada. Me quedé boba. Claro que a continuación le sale un macarra de la lengua diciendo que de acuerdo, que lo de "presidenta" es una incorrección gramatical, pero la cuestión es si el castellano es o no machista. Y dice que si, que lo es, que ni neutro ni gaitas, que lo que tenemos es la conciencia “mellada” por la primacía de lo masculino y lo llevamos al lenguaje de forma inconsciente (¡ay que sí!). Me pongo a repasar de mi vocabulario esa larga lista de inconscientes y me descubro machista, masculinizada a tope y completamente mellada gramaticalmente. Luego lloro sobre mi cama y sobre los hombros de mi santo que lo comprende todo aunque acabe con las palabras en “o”. Y decido continuar con mi propia guerrilla.
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