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POEMAS DE RAFAEL CALERO
 

Bruja

No me cabe la menor duda de que es una bruja.
Anoche me dio una vuelta en su escoba .

El mantel

Adela entró como un huracán en la casa. Había estado jugando con la pelota en el jardín y llevaba el rostro y el pelo empapados de sudor. Se acercó, corriendo, hasta la mesa y con su brazo derecho golpeó, sin darse cuenta, la antología de poemas de Juan Ramón que su papá había dejado allí tan solo unos minutos antes. El libro cayó sobre el mantel blanco, moteado, aquí y allá, de diminutas flores rojas, azules, violetas, verdes. Epítetos, metáforas, anáforas, metonimias y versos octosílabos, endecasílabos y alejandrinos se desparramaron por toda la superficie del mantel, manchándolo por completo.
A simple vista, no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que para volver a dejar aquel mantel blanco como la cal, se necesitaría un detergente fuera de lo normal.

Hacer limpieza

A veces uno se levanta sintiendo la imperiosa necesidad de hacer limpieza. De abrir, de par en par, todas las ventanas, para que el aire fresco inunde cada rincón. De barrer cada beso que se ha dado. De dejar que se vayan por el sumidero los amores pasados, los que nos hicieron daño y también aquellos a los que nosotros dañamos. De fregar las quimeras incumplidas. De meter en la lavadora las ropas de abrigo de la melancolía. De enjuagar la desazón. De abrillantar la piel metálica de los recuerdos. De pasar la mopa por las heridas del alma. De quitar el polvo a la tristeza. De sacudir las alfombras de la decepción y el dolor. De cambiar las sábanas de la indiferencia. De ordenar las cosas del corazón.

A veces sólo apetece hacer limpieza.
mariposas en la tripa

La mariposa

Hoy he visto una mariposa. Pensaba que no era verdad, que las mariposas no eran más que una invención de poetas y biólogos para impresionar a los niños y a las enamoradas. Algo de lo que se hablaba en los libros. Seres mitológicos. Y resulta que no, que es cierto que existen, que son de verdad. Nos hemos cruzado, la mariposa y yo, por la calle.
Era aún temprano. Yo subía. Ella bajaba. No he querido parecer muy descarado y la he mirado con disimulo, casi de reojo, por no mosquearla. Nunca me ha gustado esa gente que mira con descaro, clavando los ojos, impávidos, cuando uno pasa por su lado. Así que he tratado de ser discreto. Estaba hecha de colores brillantes y variados: rojo, amarillo, verde; un poco, aquí y allá, de violeta; algunas manchas minúsculas anaranjadas. Volaba sola, en silencio, como si intentara pasar desapercibida. Como si no necesitase coartada. Revestida de inocencia..
Relatos de Rafael Calero Palma ~ : ~ Poemas
 


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