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SANTA FILOMENA
Bajó del santoral cuando el Concilio,
aunque otros dicen que nunca estuvo allí, tan alta.
Junto a sus restos, los de una niña
de doce o trece años, se encontró
una inscripción confusa –Lumena –Pax Te –Cum Fi-
en tres losas. ¿Pax Tecum, Filumena?
Así dicen algunos que debe ser leído,
partiendo de la losa que está en medio.
Cerca de la cabeza había un jarrón roto
que contenía sangre seca. Al parecer,
esa era la costumbre
en los enterramientos de los mártires.
No sabemos más de ella a ciencia cierta.

Que es la fiesta del pueblo de mi madre;
que las brevas carnosas y verdes como el mar
-de un verde oscuro y hondo-
ya pueden degustarse, y dejan en los labios
un sabor que no es dulce del todo, pero invita
a sentarse en la hierba y hablar de nimiedades;
que el sol de agosto luce todavía
en lo alto del monte, pero ya
se deja acariciar un poco por los ojos,
ya está menos rabioso;
que después bajaremos con los niños
hasta la romería, y a lo mejor bailamos;
puede que eso no llame la atención
de los historiadores.

La paz sea contigo, Filomena.

Selección de poemas de © Miguel Ibáñez de la Cuesta, elegidos amablemente por el autor, para su publicación en la revista mis Repoelas:





Cansancio y nostalgia de Castilla ~ : ~ La voz prisionera

Una cuestión de orden ~ : ~ Nada que declarar

Todos los días son el día único ~ : ~ Una visita a los antepasados

Una actitud ~ : ~ Ria de la arena ~ : ~ Con una vieja amiga

Presagios ~ : ~ Ruego ~ : ~ Promesa ~ : ~Tener Oido

Mensajes ~ : ~ Vacaciones ~ : ~ Revelación en el Cantábrico

Un alto en el Camino ~ : ~ Santa Filomena


 


Página publicada por: José Antonio Hervás