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Poema "Miguel Hernández - nana cebolla"
A María, mi cuñada, que me enseñó a llorar
con la cebolla de la nana
      Mi hija se
      aferra a mis
      pezones y
      de ellos extrae,
      además de vida,
      un torrente de
      besos y
      de leche
      (tu hijo
      probablemente
      extraería
      lágrimas y sangre).

      Mi hija sonríe
      y eructa
      mi alegría,
      que se le
      filtra por los
      huesos
      (tu hijo
      seguro que
      tendría problemas
      de crecimiento).

      Y mi hija,
      que hoy tiene
      flores en las
      hormonas y
      su piel se
      ríe a carcajadas,
      tiene que saber
      –y esto es muy importante–
      que tu
      hijo se alimentó
      de hambre y
      que a ti
      (su padre),
      muriéndote entre
      piojos y
      flemas por
      gritar: ¡igualdad!
      sólo
      te dejaron
      cantarle una
      nana.
 


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