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ESE ANCIANO

En cada uno de sus días
hay un hueco,
una trampa que oscurece
al sol.
Un café negro de gaviotas,
un cielo fugitivo.
En el fondo lejano
ha visto los cristales
de octubre
con su trémula realidad,
y el salto de los ases
de luna
sin luna
herrumbrando los pasos del misterio
sin temerle al delirio
ni a la muerte.
Ya no se emociona con el llanto
ni goza con el amor
ni huele ese aire dulzón
de las primaveras.
Su piel transparenta,
algunos músculos
y las venas no están tensas.
Ya no le hiere el día
con ostentosos gestos
ni su voz miente rebeldías.
Casi nadie lo ve,
sólo los entrenados.
La mortaja se preludia
entre salmos siseados.
No lo sorprende, ya,
el espanto del desamparo.
Enhebra sus horas con palabras
y silencios
con idéntica puntada.
El hastío es un amigo cercano,
casi íntimo.
Su futuro es un huérfano pálido
que solloza inaudible.
Y mira sin más luz…
Y se promete que mañana,
mañana mismo,
abrirá la puerta de su cuarto
para irse caminando
por ese parque tan verde
tan azul
tan blanco,
que tantas veces ha soñado.
Poemas de Susana Inés Nicolini
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