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LA QUEMA DEL INVIERNO
[A mi padre]
        No fueron los azares,
        sí la menta,
                       sí el mantel,
                             sí la resta de música en la boca.

        No fue arder,
        fue abrasarse de frío en los inviernos
        entre aquel no poder
        que aún nos corona
        y este permanecer hecho de abrazos.

        De entonces queda el padre siendo norte
        para lo malo y bueno que viniese,
        con su punto de sombra en las pupilas
        para prestarnos vuelo y estatura.
        Si sufrió, no se sabrá jamás,
        pues fue sonrisa hasta en la decepción
        y hasta en las lágrimas;
        también fue la moral bien entendida,
        el muro hasta las manos que flaqueaban,
        el horario más laxo
        y el dinero en domingos eternos y festivos.

        Si el mundo naufragaba, él buscaba una isla a la que atarnos;
        si la lluvia, era los soportales o el paraguas;
        si el calor, la camisa regazada y una sombra de parra bien tupida;
        si la muerte, siempre un abrazo fuerte y un «sigamos...».

        Siendo ejemplo de amor, quemo un invierno
        todas sus posesiones para darnos
        este calor precioso que nos lleva
        hacia donde queramos ir.

        Ser padre y basta.




Selección de poemas de © ,Luis Felipe Comendador, preparada por el autor para la revista mis Repoelas:





La quema del invierno

Memoria de la derrota

La misma nieve, el mismo mar


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras