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NADA QUE DECLARAR TENER OIDO
Es más bella la luz de la partida.
Al partir amanece el mundo entero
con un albor insólito y primero.
Las calles, la ciudad, la propia vida

brillan con un fulgor de amanecida,
de historia que comienza, de sendero
que discurre entre árboles. Prefiero
sobre todo pecado el de la huida.

Llegar a otro lugar para olvidarlo.
No conocer pasión que no me lleve
a la oscura belleza de la fuga,

pues si el mundo es hermoso debo amarlo
con la propia cadencia que lo mueve
y con la liviandad que lo subyuga.

    Escucha. Eso es el tiempo. Ese vibrar
    de élitros. La música del charco.
    Se levanta en la noche como un arco
    que señalara al cielo, y al bajar

    con su silencio anuncia el nuevo día.
    Los pájaros celebran su derrota
    y otra música, más cálida, brota
    en lugar de la gris monotonía.

    Tal vez debas amar esa canción
    mientras el mundo hable por tu boca.
    Eres carne de tiempo. A ti te evoca
    el tiempo cuando escribe su ficción.

    Pero otro amor esperas en la noche,
    y esperar es tu ciencia: oscura y leve
    como un temblor de ramas cuando llueve.
    La luz será su música y tu broche.
Poemas de Miguel Ibáñez
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