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LA VOZ PRISIONERA RUEGO
Me dejo interrogar por el misterio.
Mi voz sólo responde a su llamada,
y calla cuando no es interrogada,
pues no sabe romper su cautiverio.

Mi voz se goza en no tener criterio.
Sólo sabe ser cuerda bien pulsada,
noche que se complace en ser callada
y oscura y sometida a un dulce imperio.

Cuando otra voz más firme la despierta,
no se canta a sí misma: aún más se niega
y de su propio tono se despoja.

Si por aventurado mar navega,
derrota hasta llegar a isla desierta
y tiembla y arde al sol como una hoja.
    Ahógame en el río del olvido.
    No me dejes memoria si no es tuya.
    Que todo pensamiento me rehúya
    y todo anhelo sea desmentido.

    Ayúdame a morir, si malherido.
    Que la sangre agotada ya no fluya
    y el corazón hipócrita se obstruya.
    Sumérgeme en un mar embravecido.

    Solo por ti recuerdo, y a ese puerto
    acude la memoria renovada.
    En tus aguas reposa el pensamiento,

    desemboca en tu amor el curso incierto
    del río de mi sangre enamorada
    y a mí mismo me miento si te miento.
Poemas de Miguel Ibáñez
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