Vuela implacable
y hazme viejo por fuera,
ve veloz y oxídame el esqueleto,
mas debes permitirme, tiempo inquieto,
que mi mente esté joven cuando muera.
Cubre de cenizas mi cabellera,
arrúgame la dermis de respeto,
convierte mi mascar en un aprieto,
mas deja siempre clara mi sesera.
Hazme torpe y tronchado por dolores,
que no oiga, ni adivine los olores,
acorta a la mitad mi buen mirar,
mis pies, cuatro cauchos rodadores,
mas se olviden tus filos roedores
de mi luz y mi juicio desgastar.
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