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PUDO CERRAR EL VIENTO LA PUERTA DE LA CASA - (Del poemario "La niña azul")
          Pudo cerrar el viento la puerta de la casa
          tenderse junto a ella, y decir:
          — Yo soy su amante,
          yo soy el cancerbero de la tristeza de su boca.
          El que la viste
          y cada tarde enjuga sus axilas —.

          Pero el viento ovillóse en el balcón,
          tan distante como una enredadera,
          mientras la muerte y sus errantes tribus
          fueron hasta la alcoba donde ella dormía.
          No la oímos quejarse
          al quedar convertida en un cuerpo azulado,
          ni tampoco llorar cuando quiso y no pudo
          correr, salirse de su rostro:
          todo un huerto sumido en la penumbra.

          Su mano,
          que ya no hablaba nuestro idioma,
          siguió latiendo
          sobre el embozo de la sábana,
          se quedó entre nosotros
          hurgando en nuestras cosas.
          Hasta que un día se nos hizo vieja,
          se llenaron de historia sus arrugas.
          Marzo llegó y aquella mano no pudo recibirle,
          no supo reinventarse un tacto de pomelos.

          Murió soñando a la muchacha,
          su dueña,
          la que llevaba mucho tiempo ida.
          Viviendo en el silencio de las cosas.
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