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LA TARDE QUE MURIÓ LA NIÑA AZUL - (Del poemario "La niña azul")
          La tarde que murió la niña azul
          el otoño rozó el bronce de la aldaba.
          Quemaba el aire
          como beso de novio a punto de partir
          y allá,
          en ese sitio en donde octubre
          le da a la uva su color de incendio,
          un perro de testuz viajera
          ladró con un sonido casi humano.
          Era una tarde
          que compartía la vejez con la orfandad de la retama
          cuando murió la niña azul.

          Su casa daba al mar
          y el mar, desarraigando su posición yacente,
          llegó tal un muchacho
          y le besó en la boca conocida.
          Luego,
          con ánimo de ir donde ella fuera,
          enlutecióse
          y no se hizo otra cosa
          más que delta viril
          que buscaba refugio en su pálido cuello.

          (Nada me asusta tanto
          como cerrar los ojos
          y verlos replegados bajo la misma piel,
          yéndose de la mano
          para heredar la última sonrisa).
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