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LUGO


Huye y ve Lugo su río,
río musgo, sólido, denso,
su decurso de nube a un dedo de la cima,
oquedad de verdín,

Viscoso verdín, musgo trabado, lo ven
sus dioses de utopía, flota en su altar.
Mezcla el musgo, el verdín, la madre vertebral,
palabra antigua de prediga romana, oíd
en la niebla de amor y muerte que la muralla cubre.

Musgo blando este denso mar de albas
que cubre el denso, plúmbeo musgo de Erín,
es mi verdín tu niebla afilada.


Huye del verdín, Lugo, de su río
corriente y remolino, en una nube,
corriente sin remanso, barrio crudo,
vestigios y corriente, a cada paso,
que me hundo en su corriente, meigas, trasgos.

 

Huye Lugo de un mítico verdín
de su río, al altar más utópico,
de esta densa niebla, protección.

Un hombre solitario admira el río,
la muralla, entre el cielo y su reflejo,
parado en esta senda, en otros ecos,
a cada paso otros, bajo tierra, hombres
le dicen, que le cuentan, arde lucus,
y él recoge el verdín, el musgo y altares
y flores del lejano Castromayor ,
para las hijas del César, para el pelo,
para que cubra el seno del pasado.

De un río de verdín, perpetuo Miño,
mi sempiterno Lugo huye, denso.

Miran mis ojos al río, color Miño,
al denso color musgo de este río,
que refleja murallas y murallas,
sus piedras son la carne sagrada, Lug,
y ese verde verdín su sangre, Lucus.
Murallas y murallas que son puerta
a la cima del mundo a mis pies, Lugo,
a este monte sin cima, seguridad.
Lucus, Lug, Lugo, espuma en mis días.

 

 

Poemas de José Manuel Prado
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