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La magia de los cuentos

 

LA FRAGANCIA MÁGICA

Rompiendo las cadenas del que dirán, sin mirar hacia atrás, ni pensar en lo que le depararía el mañana, África se dejó llevar por el velo de la ilusión; antepuso el amor a las razones.

Se marchó con el hombre que amaba. Desde entonces para el mundo fue la zurcía, una mala mujer que destrozó una familia y que ponía trabas al padre para apartarle de su hijo.

Lo que había tenido que resistir por ser la otra solo lo sabía su alma.

Lentamente se fue abriendo una grieta en su ser de tanto cargar con la culpa y la escoria humana, la envidia, la hipocresía, el odio y el veneno mortal de las malas lenguas.

A pesar de todas las contrariedades se mantuvo firme, no podía matar los sentimientos que latían al compás de su pulso.

amantes clandestinos
Habían pasado treinta años y aún vivía las secuelas del pasado, seguía siendo el ladrón en acecho…

Se sentía exhausta y decepcionada por un mundo de mente estrecha, manipulado por jueces y verdugos demasiado cobardes para encarar la verdad.

Aquellos que mantienen la imagen casta que se consuelan engullendo sus propias mentiras y escuchando la de los demás para seguir abonando el campo de cultivo.

África no entendería jamás que existieran personas que no comprendieran que el amor es una emoción viva y no puede sobrevivir entre los muertos.

Decidió arrancar la mala hierba que la estaba aniquilando:

Cogió un saco de esparto lo abrió, lo lleno con los sentimientos dañinos, se los cargó al hombro y los llevó al cementerio de las mezquindades.

Excavó una zanja, los enterró para después vomitar encima de ellos hasta echar la hiel.

Abrió las compuertas de sus emociones y la voz del silencio despertó sublevándose y expulsando el cieno de sus entrañas.

No sufriría más por una guerra absurda...donde no había nada que ganar ni perder.

La vida seguiría igualmente su curso, derramara un rió de lagrimas o por el contrario derrochara la alegría por todos sus poros.

En su largo caminar no encontró sabio ni libro que le indicara las pautas a seguir, ni maestro que le enseñara el atajo para encontrar el sosiego, pero había aprendido sola lo más importante, seguiría siendo "la ultima de la fila".

A pesar del esfuerzo, la semilla del odio seguía aflorando con más fuerza a su alrededor para vengarse en cualquier rincón.

África estaba convencida que el arma idónea para luchar en contra de este era la ignorancia y la prudencia. Nunca quiso hacer frente a sus enemigos. Con la impotencia planto un árbol para ofrecer el fruto de la paciencia y la sombra al necesitado.

Sin ser consciente, el daño que sufría lo proyectaba contra ella misma. Se castigaba diciéndose que el que escupía al cielo terminaba mojándose.

La culpa cada vez era mas latente, solo se resignaba y aceptaba los tragos amargos.

África ya sabía que las circunstancias limitaban a las personas,que una cosa era lo que se quería y otra lo que se podía hacer.

Existía un abismo en cómo concebía el mundo y la realidad. A veces necesitaba seguir creyendo que existían los duendes para poder seguir adelante.

El amor paraliza la razón y nubla los sentidos...

Se preguntaba como no se había parado a meditar en las consecuencias y en tantas piedras que tendría que esquivar en el camino.

Desde el primer día que compartió con su pareja asumió que tendría que compartir su vida con dos personas.

Y al entrar en su nuevo hogar en lo primero que se fijó fue en dos pinturas colgadas en la pared del pasillo, una de un bebe acostado desnudo, en la otra sentado con una sonrisa angelical ... y en el rostro afligido de su amado. En ese instante el techo se le derrumbó en lo alto, aplastándoles todas sus ilusiónes para impedir que pudiera acariciar su sueño tan ansiado, ser feliz.

La euforia se transformo en desconsuelo...

Desde entonces la melancolía fue su compañera inseparable de viaje, se encargaba de mandarle a su amiga, la nostalgia para que nunca se le olvidara que el hoy forma parte del pasado, que hay hechos en la vida que no son lágrimas bajo la lluvia.

África sigue siendo para el hijo: El huracán, la tormenta, el volcán a punto de erupcionar y el pantano de arenas movedizas...Él, sigue siendo la fragancia mágica, el jazmín con pétalos de rosas... El canto de las aguas y ese olor a tierra mojada que hace vibrar los sentidos, la dulce melodía de los árboles y la risa del viento.
Relatos y cuentos de Lola Conde Rodriguez
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