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HECTOR CEDIEL
 
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He recorrido caminos reales empedrados y con fango hasta las rodillas.
He caminado hacia la bruma de las utopías, buscando como loco un encanto o razón profunda para vivir. Vivo con la convicción de no haberme equivocado de batallas. Deseo retirarme a escribir poesía, con las verdades a medias que conozco. He intentado encontrar en la oscuridad, el significado de la palabra amor. He reído y llorado con mis hermanos, quizás por diferentes razones. Las noches de luna y los días de Sol, son muy diferentes para todos. Soy un zarzal para el mutismo de las palabras y la cordura hipócrita de la vida. He susurrado palabras cautelosas en forma de cánticos, para que el mundo no diga que lo grito. Nadie nos comprende ni nos estira con generosidad la mano; tampoco nos falta nada de lo indispensable para sobrevivir con un mínimo de dignidad.
CARTAS PUESTAS EN EL BUZÓN DEL AZAR (III)
noche de luna
La amistad florece como los colores de la primavera, sin la pasión ardiente del verano, ni las tristezas otoñales del invierno.

La amistad florece como los colores de la primavera, sin la pasión ardiente del verano, ni las tristezas otoñales del invierno.

Aprendí que los amores que se van, jamás regresan siendo los mismos. Hoy le dirijo palabras sugestivas, a los silencios de tu piel y a las sigilosas afonías de tus cavernas. Los faroles de la noche se encienden, cuando no estas para honrarte con besos y respetarte, así existan caricias atrevidas. Te escogí porque estoy cansado de los desencantos, de esos amigos “ronzalitos” que se prostituyen por nada; sin importarles el alma de nuestros corazones, cuando es franca la compañía que se ofrece. Nunca te he olvidado, así pienses que me he alejado más que un poco, pero tú representas para mí, una rosa de los vientos, una estrella constelada con encantos seductores. Siempre te he aceptado como eres, mi pequeña saltamontes, mi libélula dorada. Quiero acompañar con mi canto a tu alma y que mi poesía sea la música de mi destino... Solo te ofrezco confianza y nido para que invernes, cuando te sientas sola.

Todos hemos sido en cierta manera: ¡Asesinos murtes! ¡Cuantos corazones hemos matado, con el veneno de nuestra indiferencia! Hemos suministrado, gota a gota el letal brebaje ponzoñoso. Hay besos, caricias o palabras, que hacen más daño que una herida a bala. Cuando bebía o huía por unas horas de la catástrofe, era consciente que me suicidaba. ¡Yo asesiné los mejores años de nuestras vidas! Y así lo hice con ella, con ellas y contigo. Hoy mi piel, se siente culpable como una asesina en serie. La inocencia del cuerpo del delito, ignora los consejos de los sentidos. Me regalas horas en minutos de guerra arrabalera. Beso hasta el hastío con mimos que desgrano en catarata, a tus pezones y sensuales senos. La razón ignora a los conjuros de la brújula. Eros nos arrasó y no dejó sin conquistar, nada para la imaginación. Las florestas de nuestros cuerpos se doblegan, con los reflujos de los latidos del corazón del tiovivo. Te he visto cerrar los ojos, para dejarte arrastrar por las aguas de la apetencia. Deja que la lujuria se embriague en tu pubis y conquiste uno a uno, los cráteres de tu cuerpo. ¡Eres mi adorada y excitante putita! Eres tan difícil, que te lubricas toda con una leve caricia. Te tiendes para que te estimule y provoque como una hoja en blanco, cuando desea ser llovida, hasta el último rinconcito con versos. Seduces y arrastras al pecado, con la punta de la lanza de tu boca impía. Es misteriosa la embravecida tierra húmeda de la primavera. Entre jadeos morriñosos, vivimos una deliciosa aventura y pecadora. Dejemos que nuestras adictas ingles se ciñan, como nuestras lenguas a la carne. ¡Es el festín de la vida indómita! ¡Es la danza del canibalismo puro! El olor delirante de tu piel me perfuma, cuando me zambullo con hambruna dentro de tu floresta. Reconquisto los versos prohibidos por los miedos o las buenas costumbres. En la intimidad lo higiénico, luce bastante extraño. Amo al delirio de las empalagosas caricias. Amo el sacrílego holocausto que celebramos sobre el altar de las inmolaciones a la vida.
vida y pasión
El desdén polifacético de los versos, constelan como los sollozos del aroma de tu cuerpo. Brillas desnuda como el lirio de una pequeña estrella, después que te rescate del miedo y la indolente indiferencia hacia tu mundo.
¡Por Dios! Hay tanta vida y pasión en tus senos, como maldad en tu mirada y sedientos labios. Eres una deliciosa sandía, cuando seduces con una entrega total. Tus pezones se erectan como una esperanza, cuando germina. El sol demarcó los espacios erógenos, para que no se extravíen los besos ni las caricias. ¿Cómo podría negarle un beso, a la belleza de tus nalgas?

Eres un hermoso mapa de piel. Tu cuerpo es una estación de relámpagos, una tormenta cuando nos descubrimos como una pareja de invidentes, enamorados.Nos besamos íntimamente y un poco más allá.

Huimos del mundanal ruido, para amarnos. Vivimos cada segundo del amoroso éxtasis. Derramamos todo tipo de besos y de caricias sobre nosotros. Deslízate por los poros de mi piel, como una profana despreciada por las blasfemias. Deja que mis besos evaporen los miedos de tu cuerpo y dejemos que la locura nos pierda, dentro del delirio del fuego. Percibo a las lágrimas descontroladas del clímax, mientras un orgasmo salta como una eyaculaciòn suicida entre tus manos o se desborda dentro de tu boca.

Devoro con osadía la rosa de los vientos, de tus sueños. Mi lujuria se devora con besos, a tu amoroso y pequeño lirio. Te regalo pócimas de semen, hasta sacar de madre a tu corola. Es triste saber que no puede reencarnarse nuestro sentimiento. En las profundidades del candoroso volcán, se humedece la sed de la pasión. Suspiro cuando las sábanas se estremecen y la lava de la natura ensalvajada, te preña perversamente los óvulos de todos tus sueños. Los músculos del cuerpo respiran, estremecidos por la infernal demencia. Esto es “amoroso sexo”, es el producto de la alquimia entre lo racional y los absurdos salvajes de nuestros instintos. ¡Navegamos remolinos y deliramos! Disfruta con saliva o con un poco de bebida, tu trofeo. Gemiste victoriosa como la sinfonía y la fuga en el breve orgasmo, como una desbocada yegüita de mar. Gotas de placer llovieron, rompiendo los silencios de tu carne. El amor y la felicidad, son la metáfora de una ilusión. Recogemos los cadáveres del orgasmo como empacando osamentas de masacres, dentro de bolsas negras, después de una batalla. No sobrevivió ni un vestigio de la ferocidad. Mañana se espiarán nuestros recuerdos y nos verán como a inocentes escribas, nuestros nietos. Todo cambia, amor mío, como la piel de los días o de nuestros sentimientos. No me olvides ni me ignores, como una maldecida bestia. La lujuria se enajenará y nos negará el placer de nuevos orgasmos. La vida se compone de capítulos y vivimos con pasión los nuestros.

Deja la cama así, para que no se borren las huellas de tus recuerdos. Mañana se borrarán las rutas que dibujé con besos. Intento recoger algunos fragmentos, de la lujuria que regó el magma de los amorosos versos sobre tu cuerpo. Ahora necesitamos de otro tipo de besos para no sentirnos sucios, cuando regresemos a la realidad. La otra orilla esta detrás de esta puerta. Ya no necesitas de cadenas, ni de máscaras, ni de miedos. Sigue sin mí amorita mía, que el camino de la vida es infinito. Sigue soñando, delirando y persiguiendo estrellas imposibles. Corre desnuda y baja a las ilusiones que se enredaron con algunas ramas. ¡Vive!. La vida es hielo y fuego. No enmiendes tus pasos, cierra los ojos y déjate seducir por las caricias del viento. No reserves nada para el futuro. Quizás no exista para nosotros: ¡un mañana! Sigue sin mí, amor mío… no voltees a mirar que es de mal agüero. El devenir te extiende la mano y si persistes, habrá una sombra aguardándote. Sigue sin mí, amor mío, sin lloriqueos, ni suspiros… la vida es una cadena de adioses y comienzos… las heridas sanan con sal, besos y aguardiente. Agua ardiente como el mar o la muerte. El gélido piélago de los milagros de mis pasos, con la exhuberancia motriz del peso del desarraigo, olvidan y perdonan a los asesinos de nuestro futuro, a la ceguera de los mercantilistas y de los avaros. Siento envidia de los pájaros del acantilado, cuando saltan excitados al vacío y extienden las alas como un viejo olivo, como si estuviera escribiendo versos o dando una rueda de prensa. Gracias a ti, he vivido en un infierno de chocolate.

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