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HECTOR CEDIEL
 
Leer otras cartas de amor

La voz que escribe, habla con pasión en la soledad. Los pleonasmos ensucian con la gelidez del éxito, las palabras que se derraman sobre el blanco del lienzo. ¿Fue tu locura la que le robó, las ilusiones a mi vida? Nunca te prohibí ni te inhibiré de nada, para no alienarte con la deshonra. Tus besos de cirio han dejado huella. Discrepo con las pesadillas que me iluminan, con la fosforescencia del insomnio.
CARTAS PUESTAS EN EL BUZÓN DEL AZAR (II)
iluminación
No puedo pronosticar una despedida o un adiós sin un: “te amo”, dentro de una botella marinera. Encharque con promesas al futuro de mis ilusiones. Ya reconozco a los caminos del otoño y a la ansiedad artificial de los “Te amos”. Mi razón intenta comprender al sexo sin Amor, mientras el instinto con la prisa de una fumarola, se burla de mi ignorancia.

Dicen que soy un Cristo, por sacrificarme estúpidamente por los demás. Esa es la quinta esencia de mi vida y el color parnasiano de mis versos. Me he enterrado como una esperanza herida por los desengaños. La agonía me asfixia con sus besos. Mentiría si niego que he gozado y sufrido como una noche triste, pero estrellada. Tu amor me ha conquistado, hasta el borde de la locura. He escuchado melodías, como cuando madruga la muerte a segar y truncar ilusiones. El desamor me infecta con nostalgias y silencios absurdos. Un corazón aventurero, no puede ser famélico. Mis sentimientos daltónicos, se iluminan con el Prozac, que se bebe el dolor de los latidos erectos. Regálame un poquito de tu aletargado amor, así este desafinado y marchito. El amor fractal es visceral e irracional, como el fantástico mundo de Nudelot. Los corazones fríos han envenenado con daltonismo a mis ilusiones. Engendro sueños inalcanzables, que solo otros pueden hacer realidad. La sal de la pasión prospera como un amor imposible, empujado al vacío. Me siento infeliz con las críticas mezquinas, de la irreverente ignorancia. Sabía que el amor es un cáncer, cuando nace como fruto bastardo de una juerga murte. Son increíbles las estrofas que escriben estas basuras; no entiendo como pretenden rimar con una vida digna.

Soy prisionero de mis desdichas narcisistas. No creo en los amoríos comunistas, ni en las relaciones socializadas. Deseo acumular todos tus besos y caricias, para fundirlas en lingotes. En forma de un beso te entrego las llaves de mi cuerpo. Mi bulímica esperanza pasa por entre los barrotes, como una hilacha de versos. Nuestro amor perdura como la sombra de un letargo, gracias a la naftalina. Deambulo como una primavera insomne, robándole el alimento al orgullo que devora al hombre. El tiempo ha cambiado en demasía, el sentir de muchas palabras. La indómita lluvia, es el mar que anhela la mujer. El receloso salobre de la ansiedad, marchita a la desdentada piel, como el sueño enladrillado de un pájaro sin alas. Sin compromiso mis incansables palabras, viajan al azar por la Internet. La poesía ultrajada por la ignorancia, se estrella contra las paredes oscuras de los espejismos. Adopto huérfanos que rescato, repartidos por la ceguera de los inmortales.
murciélagos
Lejos del sin sentido de la vida, revoloteo y me golpeo como un truhán perdigón contra la ventana.

Hoy añoro ser murciélago y no un ave atrofiada por la evolución. El futuro imperfecto de las adulteras, se enmuralla con besos estériles. Me resigno a defender con el corazón, el paso rutinario del tiempo.
Me inquieta que llegue tarde a despertar con mentiras a la milagrosa pasión. La ironía de los pecados capitales, se reduce a la flema de la espada de los poemas.

El indómito amar ni se aprende, ni se olvida. La vida se despierta con el ulular espléndido del devenir.

He soñado con el fruto de tus labios y que me hipotecaban a la vida. Me ilusiono como todo imperfecto, con la cercanía de tu pequeña muerte. La belleza de tu madre selva, la compara el coleccionista con una rosa de cosecha. Es apasionado su aroma, cuando no se confunde con absurdos crucigramas. He aprendido a soñar despierto y sin miedo a los errores. Se despeña el placer robado, por un precio al amor. La luz de mis ojos por entre la cerradura, se encandilan con tu belleza. Sobrevivo con el retal del verano, mientras mis ojos se olvidan de tus besos. Te he calentado, hasta agotar mi impotencia. Han sido cuatro polvos, con yemas de desengaños. He sucedido a la mitad de tus ilusiones, pero en la otra mitad: aún reposan sus cenizas. Mis caricias se engominan entre la mitad de tu mitad, de tu cejijunto puerto turnezco. Todo entierro amoroso por culpa de los desengaños, termina en una despedida. Por amor nadie muere, pero malgasta nuestras ilusiones.

He aprendido a no derrumbarme, por culpa de los desengaños. Nada es más frágil que un castillo de arena. El futuro dislocado que congela a la agonizante pasión, desvirga a la tristeza de los corazones, muertos en vida. Hay campanas seductoras que solo escuchan los amantes. Mi cruz son los versos que necesito, para soportar los momentos tediosos de la vida. Galopa descocido el futuro de los amantes. El sempiterno amor alocado, sopla adormilado besos enfermizos. Un jilguero apóstol de los malos sueños, muere nadando entre oscuros versos.

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