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HECTOR CEDIEL
 
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Gracias por todo a los timoneles, a todos los guías y a la sabiduría de la vida. Todos debemos luchar por esa vida, que solo se puede encontrar dentro de nosotros y alejarnos de las borrascas de los azares. Dejémonos seducir por su belleza, pero no caigamos en sus engaños, ni nos dejemos convencer por los llantos a mares.

Del ayer hoy quiero despedirme. Partiré desnudo, con sueños, pesadillas y lágrimas en el corazón. Un beso para todos. Cuando regrese, ya nunca seré el mismo. Simplemente deseo y necesito rodar. Encontrar respuestas en el frío, en la hambruna y en la soledad.
NECESITO SENTIR LOS LABIOS DE LA VIDA (II)
belleza seductora
Jamás pude entender la prostitución de tantas personas que traté con afecto. Una persona ingrata intentará robarte hasta el anillo de la mano con el cinismo murtano de los chacales. No sé que clase de valores manejan, ni que clase de sangre les corre por las venas a los animales de sangre fría.

No es el odio el que debe empuñar la justicia con las manos, ni la indiferencia lastimera; esos engendros no valen ni merecen la pena, por ser la escoria que contamina las aguas de la bahía. Me trasboco sobre el sosiego murte de sus espíritus, porque tendrán un destino peor que el de las ladillas.

A los que me aman y me han conocido, solo les pido una oración y que me acompañen en espíritu en esta loca aventura, como es el hacer camino en la vida. He decidido romper cadenas y liberarme de absurdas camisas de fuerza. He decidido renunciar a todo, para descubrir nuevas respuestas. Intentaré descubrir versos más sentidos e identificados con la realidad. Tratemos que nuestros versos sequen las lágrimas de otros; que sean la reencarnación sagrada de la esperanza, de la alegría, de una sonrisa, de la voz capitana de las ilusiones azules. Si convertimos nuestros pensamientos en mercancía, jamás conoceremos la inmortalidad. No quiero ser más sombra ni estorbo. No soporto el verme convertido en el hazmerreír, en la burla y ser tildado de perdedor por estar clavado al temor, como los que no saben volar. Voy a recuperar el alma y la sonrisa, soltándole la cabellera al viento. Voy a intentar reconstruir con quienes todo lo han perdido; es como vivir el amor escribiendo versos y ese no es el amor, así el amor dicte los versos. Solo el amor nos hace humildes cuando nos ilumina; el amor es rio, camino y mar. Voy a abrir mi propia carretera. Necesito reencontrarme con el espíritu de muchos seres queridos. Sé que es doloroso renunciar a lo que se ama, cuando se descubre tarde. Cuando llegue la muerte a nosotros, debemos dejar que todo nuestro amor, nos conduzca a Dios. Todo en la vida nos llega como una experiencia o un momento más para vivir, conocer o experimentar, ¡hasta la muerte!. Por tener un corazón vagabundo, perdí las sandalias; ahora tendré que andar descalzo sobre el mar y la tierra. En las noches desoladas imagino delfines rosados saltando por el cielo; como las mujeres que desafían con sus cuerpos las miradas de verano del mar.

No me busques. Regresaré. Simplemente necesito andar un poco en solitario. Solo en la soledad un espíritu afligido puede encontrar un poco de tranquilidad. A veces es bueno o necesario, el contar de un espacio o lugar casi propio, donde puedan sanar en paz nuestras heridas; sin embargo la soledad a veces es aliada de esa aflicción que nos genera dolor o nos aprieta el corazón sin piedad. Nuestras vidas son pequeños mundos solitarios, separados por paredes invisibles de los mundos de otros hombres; es como si cada uno tuviera que sobrevivir en el olvido. El egoísmo levanta paredes absurdas y nos pone en guardia a los unos contra los otros. Confrontemos nuestros pensamientos y palabras con la realidad, para ser congruentes con el discurso de nuestros pasos. Necesito aire y alas para poder navegar; sentir la piel y los labios de la vida.
nche de luna
No renuncio a nada; sencillamente quiero que me arrastre el viento, mar adentro, como los sueños de las velas muertas o rasgadas por los arpones de las tormentas. Necesito que mi piel se libere de tanto dolor, de tanto sufrimiento, de tantos silencios. Que se desprenda toda la escarcha de la luna y se detenga el crepúsculo que se esparce por mi alma, mientras se deshiela el cantar submarino que se tragó mi tristeza.
No deseo que me vuelva a incendiar el veneno de la soledad.

Te espero en el invierno en una esquina para agitar mi impetuoso cuerpo contra tú desolación. Un violín interpreta la música de nuestra nueva vida. ¿Recuerdas a las rosas que sembramos en las nubes?. Oremos para que no llueva más fuego sobre nuestras vidas, ni la fealdad sea nuestra compañera. Desnudémonos de las movedizas estrellas de nuestros pensamientos y despertemos con la luz que nos extiende su mano para levantarnos. Declinemos nuestras máscaras a favor de nuestra felicidad, porque la felicidad es un goce de libertad. No perdamos más el tiempo inventando paraísos. Soy un quimérico demonio que tiembla frente al fuego de tú carne.

No necesitas de espuelas para entrar a la fiesta. Nunca dejes que se marchite el encanto de tú sonrisa. ¿Recuerdas cuando íbamos y volvíamos, como un barco embriagado en un delirante mar?. Ayúdame a liberarme del dolor y de los sufrimientos por tantos silencios. Zarparé al alba, solo, así pierda a mi amante; se nos pasa la vida descubriendo y navegando mares; siempre hacia puntos en el Norte, Sur, Oeste o Este. ¿Será verde-azuli el mar en el cielo?. ¿Habrá palmeras cantoras, flores y luceros? ¿Sirenas con pechos de ensueño para deshojar? ¿Hasta cuando debemos remar en el viento, los corazones guerreros?

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