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HECTOR CEDIEL
 
Hay pensamientos y meditaciones que nunca deberían ser escritos; quizás estos sean algunos de ellos. Siento cansada, enferma y triste el alma, por la celosía de los amores de contrabando.

Los sueños que me hablaban penando cuando abandonaba la necedad; y me enseñaban a amar, así me quedara sin vida, por lo que otros aborrecían; de ellos aprendí, que no solo nos debemos sentirnos orgullosos del ser que se ama, sino del amado.

NECESITO SENTIR LOS LABIOS DE LA VIDA (I)
horizonte
Mi espíritu se fastidió con el embarazo de gritar, de denunciar y de hacer propuestas contra lo inauténtico, contra lo cutre de la vida y la hediondez.

Me siento asfixiado y arrollado en mi propio espacio; es más que unas absurdas paredes carceleras invisibles. Aprendí a percibir la belleza oculta bajo la piel y la forma; solo conociendo el verdadero encanto y deleite de las personas, descubriremos belleza en lo que tildábamos de feo. Lo importante es la llama del corazón de las personas. Lo dí todo, hasta perderlo todo; yendo y viniendo como la orilla despeinada de la playa o los cabellos ojerosos de mí amante.

Llegué hasta creer que el escribir era algo necio e innecesario. Tenemos que aprender a respirar la fragancia de la naturaleza en los jardines o en los bosques. No voy a mendigarles más buenas intenciones ni oportunidades, a los pañuelos que aletean como aves blancas, diciéndome adiós. Deseo conocer facetas desconocidas de la vida; chorrearme de amor y de mar. No todos los senderos de la vida son cómodos ni fáciles. Aprenderé a vivir de la palabra; a crear oportunidades para subsistir y vivir con magia lo que me queda de vida. Podemos hacer regresar al pasado o vivir el futuro si lo deseamos; en el presente podemos vivir todos los momentos; el hoy y el ahora no pueden pasar desapercibidos, mas si son fieros monstruos del mar. Nunca esperemos el elogio; los frutos se dan en el momento preciso y en épocas de cosecha. No somos más, ni menos que nadie; remaremos como marineros hasta morir en el mar. La noche siempre será más oscura que el caracol de la luna de las doncellas. Nunca pretendamos ser luz, simplemente somos los que llevamos la llama cancerbera, para orientar a la luz de los faros. Al abismo del olvido del pasado, solo entran los que lo desean; así estemos perdidos por estar apagados los faros, tenemos que ser nuestros propios torreros gavieros. Debemos responder a los llamados de la vida, para abrirnos un camino hacia el mañana, ignorando las tentaciones de las sirenas que desean llevarnos con ellas. La perplejidad es el comienzo del conocimiento y solo proyectándonos a servir a nuestra amada tierra como fieles servidores, nunca la podríamos usar para nuestro beneficio como parásitos politiqueros.
espejo del alma

En tan poco tiempo que parece una vida, aprendí a amarte. Sé que el bienaventurado que ame, nunca perderá esa capacidad de amar, que debe ser nuestro mayor don. Sé que me vas a extrañar, así no comprendas por ahora mi actitud.
Vengo herido y huyendo de corazones bucaneros que hicieron jirones mis sueños. Recuerda que quién no prefiere el exilio a la esclavitud, nunca será libre; y morirán ahogadas sus velas en el azul salado, que se devora el traje de acero de los caballeros del mar.
En el espejo de nuestra alma, solo se reflejará lo que este en nuestra imaginación, como un reino de sirenas en el fondo del piélago. Muchas puertas nos pueden conducir a la verdad, pero debemos golpear solo con fé para que se nos abran. Estoy que exploto como una tormenta en alta mar. Siento un océano de fuego por las venas; no dejemos que se merme el flujo de nuestro corazón, para caer en la muda de la desesperación. Me siento pisoteado, burlado por personas a las que les brindé amistad y afecto. En la casa de los ignorantes no se puede reflejar nuestra luz, porque los murtes serán peores que los cerdos. Ellos estarán condenados a vivir en un terror constante durante los días y durante las noches. Estoy desilusionado, desencantado, de las mujeres que se manchan por nada con la tinta de la vida. No es fácil convivir en una sociedad corrupta y permisiva, con líderes y personas de barro que hieden. Ya mi espacio dejó de ser oasis; ahora me siento cada día más extraño por los senderos del mar o por las calles milagreras de la vida. Solo las personas con luz y corazón grande, saben agradecer cuando les regalamos una parte de nuestro corazón, para ponerlas a salvo de los colmillos de los tajamares.

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