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HECTOR CEDIEL
 
La tristeza del corazón de mi soledad, es un mar de reminiscencias nostálgicas; verdes como los olivos de los olvidos, o los ojos de una piedra preciosa.
La pasión de la fé, se debate en una lenta agonía; las puertas abiertas de los templos, intentan atrapar a esas personas que vagabundean, rebuscando razones que los induzcan por la verdad, para reconstruir lo que el fuego destruyó en sus vidas; remordimientos que hoy cargan en silencio como se ha cargado al bacalao de la Emulsión Scott, por generaciones. Ahora las mundanas celebraciones religiosas son más impías, por la irreligiosidad profana de los falsos profetas, y los murmullos irreverentes que se generan en las puertas de los templos.
LA TRISTEZA ES UN MAR DE RECUERDOS
(para Villa de Leyva, que es una luna de versos)
travesía
Los bacanales místicos no son más que el cadáver lúdico, de otra costumbre que se muere. No hay mayor tesoro para el alma que el conocimiento y el entendimiento.El paso del tiempo es inmisericorde, cuando transforma en un testimonio envejecido y casi sin vida, todo lo que toca a su paso; algunas estatuas lucen como momias con vida o santos en guardia, y nos hechizan con su belleza.¡Cuántas miradas se posaron con fé sobre ellos, para mendigarles un milagro!.

¿Cómo pudo el arte religioso sobrevivir a guerras y a la sed de los rapaces, que descendían del cielo en libélulas de acero? ¿Cómo pudo la sarna enamorada del arte religioso, vaciar las bóvedas y los templos, con la complicidad de un pájaro de plata?

Mañana me levantaré a contemplar como brota del barro, la belleza de los sueños de las manos artesanas; caminaré por el bosque de los olivos hasta el desierto de la Candelaria, donde el sosiego ora en un convento que fué de clausura. Recorriendo las calles empedradas de Villa de Leyva, se siente el espíritu de los recuerdos y de los fantasmas que aún habitan en las casonas. La belleza que sobrevivió al paso del tiempo, tiene que defenderse con dignidad de ese hombre langosta, que corroe todo lo que toca con la mirada; es como si no le importara el legado, ni la herencia para las próximas generaciones; es odio y resentimiento, al no comprender su ignorancia, el paso fugaz por la vida, antes de iniciar ese vagar hacia la eternidad, por ese hermoso túnel de luz azul. Yo que he sido un vagabundo andariego, no alcanzo a imaginar la belleza de esa luz azul esperanza, que hace de lazarillo cuando nuestra alma se desprende del cuerpo; como he sido un resucitado: solo imagino y pienso. Me aferro a la realidad del ahora, con la pasión con que abrazo la desnudez de la piel de mi amada, cuando la cabalgo desbocado con sentimiento pagano.
penumbra
Amo la sabiduría de la fantasía de la mujer, que me trajo hasta este oasis colonial; donde los sueños pueden pensar en voz alta y los deseos se hacen realidad sin tener que rogar. Los versos se confunden con paisajes verdes o amarillos áridos.
Aquí, la agonía de la tierra no es más que otro testimonio vergonzoso, de la brutalidad del hombre con la naturaleza; fue como desyerbar sin razón los sueños del cielo y el alimento de los hijos de nuestros hijos; mañana tendrán que intentar hacer brotar agua de piedras sedientas y resecas. Aquí se puede hablar con el sol, con los árboles, con el paisaje.

Hay una vida que brota con pasión y con inocencia de esta aridez; los campos parecen haber sido cercados por nadie. El insomnio de la llanura enfermiza, presagia lagos de tristeza, si los oídos dementes de los demonios no escuchan a la luz que soplan los vientos. Ya no se ve la ruana, el ropón o la mantilla negra, ni el sombrero. Envidio la riqueza de los espíritus de estos campesinos, que no son esclavos del oro ni del absurdo lucro. Prefiero este exilio a las formas de esclavitud de la ciudad. Los caminos reales no son tallados por las cotizas o las alpargatas de los fantasmales arrieros. El progreso no es más que un despiadado y gigantesco borrador, que solo desea dejar en blanco la memoria de los recuerdos y una sensación de amargura y desesperación en nuestros espíritus. ¿Será que el presente no debe tener un pasado?. El corazón humano debe mirar hacia el futuro, para que no nos derrote la ignorancia. Tenemos que aprender a leer y a descifrar los mensajes de la naturaleza. La tierra es útero y sepulcro, cuando nos devora su boca y sus obras redimen a nuestra alma de la servidumbre de los cuerpos. Aquí se aprende a ver lo oscuro y los grandes abismos de la vida. El fuego del mar no es una imaginación surrealista, sino una parábola de los desastres que alucinarán a la tierra con sus enfermedades.

Amo los besos y las caricias de la mujer, que hace de lazarilla y que me conduce por los laberintos de los recuerdos; donde nada se descubre, porque no hay nada por descubrir; simplemente se ve y se siente el paso del tiempo, y se presienten mañanas atropellados por miedos y angustias. Ahora comprendo el por qué dicen: Quién ha vivido una sola primavera con pasión, ha vivido una eternidad de recuerdos. Llegan caravanas de sueños enmarañados de demonios enfermos o agonizando, y arman un pequeño carnaval cada fin de semana. Es un mar de anclas, intentando retratar el alma de las evocaciones.

¿Qué tengo que hacer para olvidarte? Solté los recuerdos de mi infernal monólogo, pero la tristeza en llamas se quedó esculpida, conmigo. Llego desnudo y deprimido a expiar mis errores a orillas de este hermoso lago, húmedo como el frailejón o el silencio del páramo. El nombre de la tortuga amante, ya es leyenda en mi nostálgica vida. Sé que tengo que aprender a convivir, con los silencios helados de la orfandad amorosa. Deseo que el adiós sea el camino, para que encuentres la felicidad en el amor cuando regrese. No dejes que los derrumbes que se precipitan por las tormentas, te sepulten en un absurdo abismo. Aléjate de los versos negros que inventé, para atrapar cuerpos con su música. Mi miseria, ya no le reclama esperanzas lascivas a la vida. Deja que los vientos de agosto, se encarguen de poner a volar tus sueños. Con certeza te digo: ¡La felicidad, existe!, pero tienes que ir tras ella, hasta encontrarla.

Con todo el amor de tú desolado y solitario amigo.

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