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HECTOR CEDIEL
 
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He vivido como un frustrado marinero, añorando al mar caribeño que arrulló mis primeros sueños en un corralito de piedra; luego me dediqué a recoger o a quitar piedras, para que nadie se fuera a golpear contra ellas, incluyendo a mis hijos. Sobrevivir para muchos fue un arte o como aprender a caminar por entre caminos minados. Me dedique a escribir mapas mudos con sueños y a repartir cartas de navegación de mar, aire y tierra, ya que existen diferentes rutas hacia la primavera.

Aprendí tarde que es una necedad sembrar boyas, porque solo se aprende a cabalgar, montando un caballo real. Perdí el orden cronológico de los nombres de mis amantes -como todos- y hasta olvidé la fecha en la que descendí por primera vez al infierno. Mi vida se transformó en un absurdo carrusel bipolar, entre la depresión y la euforia. Mis sueños marineros mutaron en obsesiones contra el naufragio; opté como opción e vida al docentismo del momento y viví los ahoras con diarrea .
A LOS BESOS DE UNA AMANTE (II)
ruta de primavera
Fui sal y no semilla, para las musas que cautivé. Vivo enamorado del azul del viento y del verde de las estrellas como las palmas e cera.

El erotismo volandero de las cigüeñas, puso a volar a mi corazón; le cambió el sabor a mi prosa amarga y mamertita; transformó en rosas a la sangre y en luz para las nuevas generaciones, los sueños oscuros que navegaban aferrados a los remos de las galeras. Del surrealismo solo recuerdo a los superhéroes y a las amistades peligrosas que me invitaban a conocer cultos religiosos; aunque me encanta la musicalidad espiritual de los versos e los salmos y los augurios del Apocalipsis.

Deberíamos rebautizar los derechos reservados, en derechos de todos. Mis poemas o mis cartas de amor, nacieron sin títulos ni con nombres específicos, pero son una memoria de recuerdos y un profundo homenaje a mis marineras, a esas gaviotas que me acompañaron como rosas de los vientos en mis viajes. Una amante siempre será una capitana de bonanzas y de sus sermones amorosos, rescaté un mar de imágenes. Jamás olvidamos a las flores que se nos escaparon de las manos y se nos fueron vivas a los chiqueros. Para mí las cuatro estaciones fueron seis, como tríos los amoríos de pareja. Solo en las más negras agonías, se pueden concebir buenos versos.
ruta de primavera
Los versos amartelados, nacen con un tono tonto, enfermo o agonizante, por carecer el fuego que inspiran las amantes y se quedan en una melodiosa rima que se desparrama sobre el papel como un tiovivo sin jinete. Los caballeros del diablo escriben la mejor poesía, teniendo por musas a las perdidas más simpáticas. Solo por un buen pecadito o una putita decente, se justifica bajar de la cruz.
Me encantan las mujeres calladas pero que son atrevidas corzas, las que se comportan como tontas piratas chifladas, bucaneros confiteras de placeres; las que reprimen por orgullo la celosía de su sangre.

No soporto la música del rencor o las que le suprimen al cuerpo ese aroma a perdidas, para que el deseo ventero no suelte el velamen del deseo. Las palabras de amor solo tienen dos caras. No imagino a mujeres límpidas en mi mar; he preferido callar nombres, para no tener que escribir dedicatorias con paréntesis. Solo las amantes nos inspiran triples o mas signos de admiración en los versos. Una vez más confieso, que fui un afortunado pescador sin dinero. La poesía es a las mujeres, como el carburo a las paredes. Toda poesía sin imaginación, será un adefesio a la belleza. Siempre cuatro paredes pueden ser una cárcel, una iglesia, un sepulcro o un nido de amor.

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