Estás en > Mis repoelas > Colaboraciones

HECTOR CEDIEL
 
Los lápices de la noche, escriben al ritmo tenebroso de las sombras: ¡Historias fantásticas, pero fantasmales!. No es fácil evitar la impaciencia, cuando se aguarda al destino en una cita a ciegas. Ayer pudieron llover peces del cielo, pero como siempre, el premio gordo del infortunio, lo ganaron los informales. Por falta e imaginación, los periodistas solo consideran noticia a la violencia y a las hecatombes.
Oscilo como una hoja entre absurdos polos, intentando apagar los incendios de la incertidumbre. Siento mis alas como las de un gorrión, intentando salvar su nido del corazón de una tormenta huracanada; después de las grandes inundaciones, reina un profundo silencio; la ciudad se siente y se respira más limpia; para los damnificados es un leve suspiro, para reedificar o recoger los escombros. La historia de la vida, no es más que un rosario de historias absurdas; quizás soy fruto de esos cuentos irónicos o de esos poemas breves que se sienten inconclusos.
A LOS BESOS DE UNA AMANTE (I)
noche de tormenta
Soy la nueva voz de los silencios profundos. He reencarnado al grito desesperado de los náufragos, cuando se adivinan dentro del vientre antropófago de un monstruo.

Hemos emprendido cruzadas que nacieron perdidas, como todo lo que nace sin corazón o se engendra con mala sangre. Hay cartas que el tiempo desempolvará con vergüenza; e historias vergonzosas, que el tiempo intentará empolvar. Hay misivas que se envían sin ningún objeto y otras que intentan brillar como una estrella, para evitar que se arruinen nuestros sueños. Hay versos que intentan acciones desesperadas para satisfacer en un mínimo a otras almas. Hay manos caritativas que se impacientan, cuando se sienten impotentes frente al fracaso o a los chillidos malcriados de los necios.

Tenemos que aprender a navegar la tierra y a superar esos momentos apocalípticos, que nos ajusticiaron sin razón alguna y nos desplazaron a vivir aventuras sin rumbo. Todos crecemos con una aureola de sueños y creemos que existe un Olimpo, que nos puede deparar una vanguardia gloriosa. Soplan vientos límpidos e inocentes, que hacen girar como una veleta mi luna. No siento como un delito, al tiempo que se cree perdido por dedicárselo al creacionismo poético, al bucear imágenes y castillos de naipes. Regresaré a buscar nidos perdidos, en la arboleda que sobrevivió a las rutas del fuego.
caminar descalzo
Nuestro mejor amigo en la juventud fue nuestro padre y nos enseñó a apreciar a la vida, a la naturaleza, a ver personas en la gente, a que todos somos iguales y merecemos el mismo respeto; nos inició como caminantes exploradores, ya que como un excursionista e los Andes, fue de los pioneros del escultismo.

Jamás olvidaré los campamentos en Pedro Palo, ni los momentos que compartimos confeccionando carpas y morrales, entre toda la familia. Los mejores años de mi vida los ajusticié, por insistir en caminar descalzo como esos tontos que creen que el empuñar un remo, los hace marineros expertos.

No fue fácil aprender a vivir soñando viajes o aventuras, o tener por Capitán a un marino que se embarcaba siempre hacia la selva o destinos que muy pocas veces aparecían en el mapa; solo recuerdo que nunca nos hablaba de la guerra, de las masacres guerrilleras, ni nunca le conocí amante alguna. De él siempre recordaré las tertulias con sus amistades incondicionales y del alma, a quienes llegué a considerar: los filósofos de mi vida. Sin razón alguna, todos aceleraron su vuelo como Ángeles despistados. Siempre los rememoraré por esas idioteces que eran un elixir de carcajadas y una toxina burlona de una realidad política y social que daba lágrima. ¡Nuestra realidad ha sido un eterno nocturno! Donde todos formamos parte de un absurdo elenco de actores y actrices. Por esa época llegó la ardiente primavera de los años 60 y fue como saltar de la prehistoria al modernismo; fue una época de tornados y de huracanes; desde entonces me olvidé de mi mismo, por intentar darle una forma a mi vida; creí que la pluma podría reformar al mundo y desde entonces, los ideales me desterraron a vivir acelerados y absurdos vuelos, ricos en una tensión didáctica y en fracasos.

Seguir leyendo el relato

Poemas de Hector Cediel:

POEMAS



Página publicada por: