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HECTOR CEDIEL
 
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... Ahora mis oraciones, no son más que guturales lamentaciones, como las súplicas en la ceremonia del desvirgue y la tozudez, para que hoy te cincele, como una escultura esculpida por la diosa Claudel, para que un animalejo como Rodin, te abandone sobre la hierba, como cualquier vulgar puta embriagada. He abortado casi todo lo que pienso, sobre la piel de las páginas en blanco.

Soy como las victorias del Quijote, estrelladas contra las aspas del molino de los suspiros. No quiero sumergirme, en un silencio sordo e irrespirable; solo quiero naufragar en un mar de vino y ahogarme cantando, todos mis secretos.

A LA SED DE TU ECUADOR ARDIENTE (II)
molinos de los suspiros
Hoy solo añoro, lapidar con besos, todos los puntos cardinales de tus deseos; festejarte hasta eclipsarme dentro de tu carne, como un ciego, sordo y mudo, para poderme liberar de todas mis miserias.

Me siento como una bestia, acosada por los cuervos y los hediondos murtes, alimañas indeseadas engendradas por la última menstruación del resentimiento; solo me compadezco de las metamorfosis de las putas, que desandaron sus pecados con dignidad y ahora se dan, golpes de pecho en los templos y piden perdón, por ser ahora tan buenas. Ya no suenan sus cuerpos, como tambores de guerra.

Quiero beberme toda la sed de tu Ecuador fogoso y apasionado, como carbones ardientes; como las caricias que transforman en talismanes, a mis besos. Eres la caracola, con sabor a venenoso mar; la amiga que solo me ofrece migajas y la sangre coagulada de sus desastres. Sin disimulo ni limitaciones, quiero que me expreses tus apetencias secretas, tus fantasías sublimadas. Eres el encantador placer que se doblega, como una mórbida orgía de ósculos, irreverentemente ardientes, como los ruegos negros de tu estrella.

Ahora el tiempo es más que una larga sombra y la esperanza… ¡Una pizca de felicidad!!! Todos mis recuerdos se transformarán en lágrimas y se abrazan a las entrañas del puñal, que me asesina poco a poco, como las noches que solo dan tumbos locos y las horas dementes, que se emborrachan, dándonos vueltas y revueltas, como una noche más, excitante y quimérica. ¡Calla! No quiero escuchar las justificaciones, ni a la sabiduría de tu fuego; el esplendor que podría ofrecernos el espejo celestino, solo expresa imágenes fatigadas, muertas, como los versos que expresan, los últimos orgasmos de las hembras envejecidas; como aquellas que lucen como maderos secos, casi fosilizados, sobre las playas…
transparencia
¡Déjame envolver a tu soledad, con mis brazos! Enséñame antes de morir las palabras mágicas, para beberme la sangre, de las almas hermosas, sin piedad.

Eres hermosamente agraciada, atractiva y transparente, como el cristal límpido de Murano; como la primavera que florece en invierno, como una rosa de sharon; como la mujer que me rescató en el naufragio y ahora, es la capitana de mis nostalgias.

Déjame golpearte a babor y a estribor, como las nalgadas del mar, porque estoy casi seguro que seré, el último sendero, de tus arrogantes historias. Tú lograste hacer, lo que no pudieron los vicios: ¡Destruirme! Y encerrarme ¡en una cárcel de fuego! Vivamos cada día, ¡como un reencuentro de amantes!

Necesito una mano que acaricie: mis palabras y mi cuerpo. Nunca serví para acariciar perros, ni gatos, ni mujeres mascota.

No quiero quedarme solo, escuchando boleros o tangos, como la escoria mundana que brinda y bebe con las rocolas. No quiero volverle a arrancar, ni una lágrima a tus ojos. No intentes rescatar, ni desenterrar a mis malolientes infidelidades; ni vuelvas a escupir al piso, después de maldecirme con conjuros gitanos, como una rata murte, como una despreciable alimaña, o una sierpe confinada al infierno.

Las flechas venenosas de tu ausencia, azotan con las espinas de la rosa, al gladiolo; para satisfacerse con la tortura morbosa como los guerrilleros o los peones de los sistemas corruptos. Pasaron las luciérnagas, como caballitos de fuego, guiándome como faros sobre el mar; ignoré a las medusas mensajeras, que escribían malos versos y le encendí una hoguera al viento, para ubicarle mi alma.

Al borde del barranco, solo fluyen voces necias y los corazones que se exilian, rebuscando una caricia samaritana. Nadie rompe los ventanales de la buhardilla, así como no se le puede negar el cordel a las cometas. Algún día el mar, sepultará mis composiciones y el mundo añorará, a la fuente de mis versos. Un día…algún día… mañana quizás… regálame unos pelos de tu pubis para memorizar tu recuerdo; déjame embalsamarte con mi semen, como si esta noche, fuera la última… déjame desollar tu clítoris y beber coñac sobre tu ombligo…

He disparado todas las flechas esta noche y te he galopado como a una mujer de viento. Tu desnudez ya no es una alfombra con ojos, ni un vitral e llantos. Eres el puente entre la realidad y mi memoria. Me he sonrojado, por culpa de las mordazas que me quitaste y por la música del hermoso sexo, que me ofrendaste. Eres la mirada más hermosa, de todas las noches que he conocido; la alucinación de la espuma y los silencios de las sirenas, cuando se masturban sobre las playas, para arrancarse las flechas y vendar sus pieles, con besos de fuego.

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