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SEMPRE SUPE


Siempre supe que el ruido de los trenes
atenúa el dolor.

Hemos venido aquí
cubriéndonos el pelo, poseídos
no por la lucidez,
sino por la memoria de la lluvia.

Pues intuyo que la noche ha perdido
su cadencia lunar y ahora desata
sobre los adoquines,
los relojes cubiertos por las enredaderas
su jauría de lobos.

Un vehículo oscuro me conduce
por las estribaciones
de una tarde ya ambigua. No estremece,
su sonido es el roce de los párpados,
una puerta entreabierta con los goznes de agua.

Absorto, apenas miro;
hace rato que intuyo el ascenso de la savia,
esa argucia legítima con que se perpetúan
las hojas de los árboles
y que está ahí fuera,
esquivando el embate de la carrocería.

En las manos, imágenes,
escenas que suceden de nuevo con idéntico ritmo,
palabras fragmentadas,
diálogos que no soportarían el pulso de unos labios.
El desvarío, tal vez, de alguien aturdido
por la escasez de tiempo.

No necesito más: este equipaje mínimo
con que distraigo acaso
mi propia desnudez y la certeza
de saberme en los límites,
a un paso ya de la filosofía del perfume.

Una mujer me observa desde un ángulo oculto,
desde la biografía incompleta de las lámparas.

Pertenezco a una estirpe numerosa
que agitó sus insignias sobre los laberintos
cavados en las rocas y las fulguraciones
de las altas ciudades, opulentas e idílicas.

Urgido por la necesidad, espero ahora
la crecida del río sobre los vegetales,
su lenta evolución entre las frutas
de mirada febril, de corazón proclive.

El tiempo es un recinto asolado
por las murmuraciones de las aves.

Excedido en el uso de la inmovilidad,
no puedo sustraerme a los placeres del sueño,
a las divagaciones de las sombras, al paso de la luz.

(este poema es del poemario"Los bosques interiores")
 

MATEMÁTICAS Y POESÍA: CASI TODO LO SUFICIENTE PARA VIVIR



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