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RUINAS


El cielo de los muertos es la flor de albahaca.

Primero es el paisaje,
luego el descendimiento de la nieve
sobre las cisternas de la memoria,
la puerta que se cierra, la mirada
que se vuelve del tamaño del ojo.

¿Quién podría distinguir
en este descampado nuestra casa, entre tanta maleza?

El reflejo suave de los vasos
detrás de las palabras, la porcelana tibia,
la paciencia nocturna
de los cuencos y las ensaladeras.
Aquello que de humano tenían los manteles,
los racimos de agua,
el misterioso pan que compartíamos.

Construimos la casa junto al muro
que no vimos caer, sobre la grieta
aún imperceptible.
Una casa de polvo de madera en la que estaban todos
los pensamientos de los vivos.

Como la oscuridad que se consume
en una hoguera apagada,
un día fuimos saliendo de las habitaciones
y cerrando las puertas,
cercados por las sombras buscamos otras sombras.

¿Quién llenaba el vacío? ¿Quién la grieta
que la unía a la nada?

El olor del enebro,
la hoja solitaria
que se mece de pronto sobre él en esta hora
todavía lentísima, sin aire:
aquí, en la oscuridad de los arbustos
donde un perro agoniza, entre las ruinas
de aquellos que un día fuimos
y los restos de ahora, contemplo mi pasado
como los caminantes
la porcelana roja de una nube.

Porque tengo la edad en que uno es sólo
lo poco que recuerda,
mi voz en lo profundo de las habitaciones inclinadas
ha acabado en susurro.

(este poema es del poemario"Para guardar el sueño")
 

MATEMÁTICAS Y POESÍA: CASI TODO LO SUFICIENTE PARA VIVIR



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